domingo, 14 de febrero de 2021
San Valentín para dummies
jueves, 31 de diciembre de 2020
El nuevo despertar
A veces
repasamos la historia y damos cuenta de episodios lejanos que son memoria de
acontecimientos funestos y desde aquí, instalados en la lejanía, sencillamente
damos vuelta a la página.
Hoy es
diferente, pues resulta que nosotros somos parte de este capítulo llamado 2020
recordado a partir de ya por quienes estamos inmersos en la supervivencia de su
agonía. El golpe de timón aconteció entre sus manos y marcó la pauta de un
aprendizaje a punta de tragedia, pero también de sucesos que nos mantienen a
flote.
Cambiamos
las risas por las cifras, los planes por la incertidumbre, la rutina por el
miedo y la libertad por las alertas. Pero seguimos, a pesar de los pesares y la
marcha que a veces no muestra rumbo alguno. Tenemos a nuestros cercanos, aquí
en casa o allá a la distancia; también a los que habitan en la memoria y
acudimos para salvaguardarnos desde cualquier plegaria.
Al
escribir estas líneas soy afortunado, como tú que también puedes leerlas.
Agradezcamos, valoremos, entreguemos una lágrima en silencio y continuemos.
Este ciclo fue extraordinario, inusual y cualquier adjetivo le quedaría corto;
habrá que clausurarlo con el rigor del aprendizaje que nadie esperaba, pero nos
llegó de golpe.
Que cada
amanecer cobre nueva vida en nosotros y las ilusiones se mantengan vigentes.
Los abrazos llegarán, así como el momento de sabernos libres nuevamente. Desde
aquí van los buenos deseos, aquellos que cada fecha como esta se renuevan, pero
hoy más que nunca necesitamos que trasciendan en realidad.
Encontraremos luz al final del túnel y ahí estará 2021.
sábado, 7 de noviembre de 2020
40
Fue un viernes a esta hora, según me cuentan. Sur de la ciudad, donde la historia comenzó y sigue vigente hasta hoy día. Alejandro, oficialmente puesto en nombre y quien hoy expresa con letras este andar, agradece al calendario, a la vida y a las personas queridas la compañía en lo físico o desde el recuerdo este 7 de noviembre.
Un recuento resultaría poco menos que imposible, pero valgan estas líneas para encontrar y compartir un poco de ánimo que ha sido minimizado estos tiempos donde las calamidades están a la orden del día. Hoy no, así lo decidí. Hoy la pausa es para abrazar desde la memoria a quienes el camino ha puesto más adelante y para sabernos cerca a pesar de las distancias los que seguimos aquí.
Hoy dediqué unos minutos para encontrarme con quien fui: aquel niño que siempre estuvo en deuda con las habilidades futboleras pero igual disfrutaba correr tras una pelota; el que jugaba libre en la calle y recorrió el catálogo de disfraces para cumplir en los festivales escolares; el mismo del raspón en la rodilla, de las caídas en bicicleta y los festejos infantiles siempre tan anhelados.
Tengo mucho que recordar y si me dieran a elegir otra vida, volvería a tomar la que tengo ahora, con el archivo de defectos y cualidades que traigo, los sinsabores y desamores, las alegrías y hasta los miedos. Pero sobre todo, rescato los momentos con las personas queridas, mi colección de amaneceres, el café y la música; las letras, las fotografías y los lugares del alma; las ideas espontáneas y aquella lesión que, sin planearla, de reboté me envió al mundo de los kilómetros a pie y en bicicleta que hoy disfruto sobremanera.
He sobrevivido a la transición tecnológica, a terremotos, crisis y ahora tratando de esquivar una pandemia. El mundo está algo loco, sí, pero he aprendido a vivir en una practicidad que hasta hace unos años me era imposible, a dejar ir, a cerrar puertas para poder abrir otras, a aligerar cargas y desatarme de culpas. Hoy no, así lo decidí y ojalá que la intención se multiplique.
Gracias a quienes me expresan felicitación en llamada o mensaje, aquí o en otros rumbos electrónicos. Sepan que lo aprecio y que hoy brindar también es por ustedes. Llegará el tiempo del abrazo pendiente y será mejor, renovado, fortalecido. Ayer fue un buen día, pero mañana debe ser mejor. Que haya Alex para rato, para mí, para ustedes.
Piso 4, bienvenido.
sábado, 18 de julio de 2020
La culpa es del gobierno
viernes, 24 de abril de 2020
El farolero
La lluvia que arreciaba sobre la calle Madero dibujaba una grisáceas cortina entre la cual apenas se percibían las fachadas de los edificios históricos. Con cada paso protegido por un insuficiente paraguas, Helena y Alex esquivaban charcos mientras repasaban con emoción las imágenes tomadas minutos antes.
Mayo
Te escribo desde la trinchera del silencio, aquí donde el recuento de los daños pasa factura a punta de recuerdos, nostalgias y preguntas ...
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