miércoles, 28 de octubre de 2009

De impuestos y otros demonios

Hay dos figuras públicas que me causan cierto escozor: los policías y los políticos. La diferencia entre ellos, además del apodo que se cargan, es que roban pero con diferente uniforme y desde distintas trincheras. Unos “orillan a la orilla a los coches negros oscuros” para morder cuales viles caninos; los otros, más decentes en su atuendo pero no por ello menos ladrones, saquean al pueblo apostados en sus asientos finamente tapizados y con su voz al ritmo de beeeee.

Pero dejemos el paseo al zoológico para otro momento. El reino animal ya tiene suficientes especies de gran estirpe como para achacarles por competencia a un par de baja denominación. El asunto hoy es el alza de los impuestos por parte de nuestra inigualable camarilla política. Juro que ni un libro de Carlos Trejo me ha dado tanto miedo como este asunto que trae de cabeza a México, disque para salir del hoyo económico en el que se encuentra.

Curiosos me resultan los argumentos para mandar al cielo los precios y al infierno a la gente. ¿O cuándo va usted a creer que aumentar el IVA es para que los pobres mejoren su condición social? Más bien, se trata de robarles a los más necesitados para dárselo a quienes menos lo requieren… como un Robin Hood pero a la inversa.

¿Y qué me dice del 3% a las telecomunicaciones? Con eso que el internet y la telefonía en México ni se usan y son un lujo, un pago extra en esos rubros no es trascendente. Luego continuamos con el tabaco y el alcohol, aunque a decir verdad, algunos prefieren saltarse una comida que dejar de beber cebada los fines de semana futboleros. Como sea, los consumidores ahora podrán presumir de padecer cirrosis económica (sólo falta que Oceánica y AA aumenten impuestos, eso sí sería una absoluta perdición).

También alimentos y medicinas están en el debate. Ya nomás falta que nos vengan con el cuento de pagar un 3% adicional a las quesadillas del mercado o cooperar para los Simi-impuestos. Y en la educación, el flamante cerebro hacendario pretende recortarle entrada de lana a la UNAM, como si el Premio Asturiano fuera de chocolate o la institución aportara una simple embarradita de investigación en el ámbito nacional.

Pues sí, todo lo anterior no se trata de una mala novela escrita por un autor cuyo pasón de mota haya rebasado sus límites. Esas son las ideas de aquellos que ruegan votos discurseando 40 mentiras por minuto para luego traicionar a quienes confiaron en ellos. ¿Pero de qué nos quejamos? Si tenemos una plaga de Juanitos “trabajando” por los intereses de México, la democracia nacional es la más cara de mundo (y aún más caras sus consecuencias), y nuestro mandatario ofrece empleos a los hermanos guatemaltecos mientras aquí despide a 40 mil de un jalón (¡acabo de descubrir quién es ese autor de la mala novela!). ¿Verdad que el escenario es digno de una película de terror?

Por eso yo tengo mi propuesta para aumentar impuestos: que cada político falto de neuronas aporte el 50% de su sueldo, otro 49% cada vez que le mienta al pueblo, y el 1% restante le basta para vivir como la gran mayoría de la gente… en el inframundo. Para que vean lo que se siente.

martes, 27 de octubre de 2009

Calavera corredora (segunda parte)

Una fría mañana de noviembre
La huesuda en su ropa deportiva se enfundaba
Pues una competencia de 10 kilómetros
Contra el trío de corredores le esperaba

Al circuito Gandhi llegó con su atuendo apantallante
Una playera roja de tecnología
Y hasta tenis con suela antiderrapante

Decidida y segura de poder ganarles
La catrina el desayuno quiso apostarles
Y antes del disparo de salida
Ya empezaba a saborearse ese par de quesadillas

Así comenzaron su andar en el pavimento
Pero al cabo de unos minutos
Su trote se volvía cada vez más lento
Pues aunque había entrenado desde mayo
A la muerte le atacó un fuerte dolor de caballo

Angustiada veía cómo los corredores
A un gran ritmo a su lado le pasaban
Y ni un Gatorade y medio litro de agua
Las fuerzas a sus piernas le regresaban

Ellos sonrientes llegaron a la meta
Y de la parca no se supo nada
Pues en algún punto del circuito
Con ampollas se quedó totalmente abandonada

Sin duda necesitas más motivación
Porque con ese lento paso
Jamás terminarás el maratón
En el kilómetro uno se te acabó el encanto
Y por eso completamente derrotada
Te regresas derechito al camposanto

martes, 29 de septiembre de 2009

Érase una vez Juanito... la telenovela

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy lejana, existió un personaje con greña rebelde y una inconfundible banda en la frente que quizás le otorgaba poderes inimaginables. En sus años de juventud dirigió un equipo de futbol de donde más tarde surgiría su legendario nombre, y entonces quedaría grabado para la posteridad.

Populachero, amigable y simpaticón, nuestro héroe no era un simple ciudadano, iba más allá en su labor multifacética: lo mismo era actor de ficheras o se hacía pasar por Barrabás en un vía crucis religioso, que ambulante y hasta golpeador golpeado. No cualquiera en su época podía presumir tan envidiable currículum personal.

Un día, mientras hacía el bien para su comunidad y se liaba a toletazos con uno que otro granadero, se topó con un ser que lo lanzaría al estrellato. Sin embargo, el tipo en cuestión tenía malévolos planes, pues su ambición de poder lo llevó directo al lado oscuro cual si fuera un Darth Vader moderno. “Juanito, yo joy tu padre”, le decía una y otra vez, mientras le prometía el sueño de conquistar un territorio llamado Iztapalapa. Y así lo encausó a librar múltiples batallas épicas hasta ver cumplido su cometido.

Tuvo muchos rivales en su camino hacia la gloria, pero sus enemigos enfundados en capas y escudos blanquiazules y tricolores jamás pudieron vencerlo. Con su ejército de acarreados libró a cuanto gandalla se le puso enfrente y, según revelan los hallazgos históricos, fue en el año 2009 d.C. cuando su lucha social finalmente tuvo éxito.

Con el poder en sus manos, Juanito se pavoneaba en las calles y todos a su paso le rendían tributo. Levantaba el pulgar en señal de victoria y sonreía; posaba para las cámaras, y los medios informativos siempre estaban ansiosos por recibir sus sabias palabras. Todo era felicidad y se auguraba un extraordinario porvenir para su entorno… pero no todo fue miel sobre hojuelas.

Corría el mes de septiembre del citado año cuando al títere se le ocurrió salirse del guacal y se creyó el cuento de que, efectivamente, la poltrona de Iztapalapa sería suya. Tenía ya sus planes, a sus colegas prestos para entrarle al quite, y hasta se había comprado un traje para el momento de ser coronado. Sin embargo, y a pesar de múltiples solicitudes del señor Vader para hacerlo renunciar a su cargo y heredárselo a una dama, Juanito se aferraba a su postura, argumentando que él había ganado la batalla y el territorio conquistado sería sólo suyo.

Los dimes y diretes ponían al rojo vivo la trama, pues la fecha anunciada para el nombramiento se acercaba y un choque resultaría inminente. Entonces entró en escena otro personaje, gobernador de la ciudad y presumiblemente enviado para tal cometido, que puso fin adelantado a tan intrigante telenovela. Fue un lunes por la tarde cuando, tras una sesión de fallidas negociaciones, su rostro desencajado lo decía todo: el fin de su era había llegado y la figura de Juanito se derrumbó para no existir más. Sus argumentos de despedida fueron contundentes y no dejaron margen de duda: se dijo enfermo, y ante todo estaba su salud. ¿Estaría próximo a someterse a un trasplante de neuronas? ¿O tal vez sus articulaciones desfallecieron por tanto maltrato policiaco en las marchas a las que acudía?

Nadie sabrá a ciencia cierta qué le llevó a renunciar al poder. Ese detalle quedará en el misterio absoluto, pues sería necesario ser un perfecto analista político con tres doctorados en Harvard para poder explicar su manera de actuar. Hoy algunos lloran su partida, otros la aplauden, pero lo único cierto es que el desenlace de esta historia sólo da cuenta de la realidad política mexicana.

Juanito, te recordaremos como lo que fuiste: una caricatura engendrada por los medios; un pretexto para echarse en el sillón frente al televisor con tal de divertirnos un rato (por supuesto, con palomitas y chesco en mano); y un tipo que nos enseñó a valorar nuestra entrañable política. Sin ti nada será igual, aunque seguramente contigo todo sería lo mismo. ¿Ahora quién podrá salvarnos?

lunes, 21 de septiembre de 2009

Héroes del 27

Hoy nos despertaron más temprano que de costumbre y afuera hace frío. El tipo que nos quitó del aparador donde solíamos descansar nos dijo que valdría la pena abandonar ese sitio tan cómodo porque él nos daría un mejor uso, aunque tal vez algún día nuestro destino será acabar empolvados debajo de la cama cual reliquia deportiva. Mientras tanto, aquí estamos, dispuestos a colaborar con su propósito del día y a devorarnos el asfalto hasta ver cumplida la meta.

Salimos. Las avenidas principales, oscuras y solitarias, descansan del tráfico cotidiano, sin embargo, algunas de ellas no lo harán de nuestro andar. En el punto de reunión, un doble nudo casi nos ahorca, pero es para mantener seguro el paso constante del cual seremos responsables por un par de horas. A nuestro alrededor vemos varios colegas listos para el arranque y parece que otros más vinieron más a fuerza que por gusto, pues se les nota nerviosos o quizás hasta desvelados. No importa, todos venimos con el objetivo de pasar un buen rato y estando aquí ya nadie puede rajarse.

A nuestro alrededor observamos una pasarela de compañeros y compañeras en su momento de concentración plena: los hay de tamaños, colores, marcas y hasta con tecnología aplicada. Incluso hay junto a nosotros un par que llama nuestra atención por la delicadeza de su suela, lo estilizado de su logo, el contorno de sus curvas y el suave andar que los hace mover pausadamente.

Pero el disparo de salida sonó puntual y aquí vamos. El sujeto que nos puso en marcha enciende la música mientras nos abrimos paso entre adoquines, banquetas y charcos. Efectivamente, comprobamos que venir no estuvo del todo mal, pues el paisaje de un Chapultepec mañanero bien vale la pena vivirlo: monumentos históricos y la tranquilidad del lago hasta hace ponernos de buenas.

El ambiente es magnífico, aunque de repente nos castigan porque se atraviesa una subida que nos obliga a sudar y aplicar un esfuerzo extra. Pero quejarnos no resultaría. Advertidos estábamos de que el asunto no sería sencillo y ni modo, debemos aguantar a pie firme.

Los kilómetros avanzan y empezamos a cansarnos. Un desayuno no caería nada mal, incluso irnos a descansar otro rato, pero escogimos este estilo de vida y hubo quien nos tomó la palabra. Llevamos más de dos horas y continuamos contando pasos. La experiencia no ha sido mala en lo absoluto, es más, hoy ni siquiera hubo ampollas qué lamentar o provocadas por nuestro mal humor.

Ya son las 9 de la mañana y sólo nos faltan unos metros por cubrir. Varias personas a nuestro alrededor aplauden y nuestro dueño se nota un tanto agotado. La distancia sobrepasó sus límites pero le echamos la mano —o mejor dicho, los dos pies— para lograrlo. A lo lejos vemos un arco que anuncia la meta y entonces el cronómetro detendrá su marcha. ¡Lo hicimos! Después del ajetreo vivido es justo un descanso, aunque al voltear nuestra mirada hacia arriba sólo vemos a alguien que nos sonríe y amenaza con repetir la experiencia pronto, muy pronto…

Así transcurrió el primer domingo del mes de septiembre y nosotros por ahora estamos de vacaciones. Somos el par que aguanta las embestidas del pavimento, la tierra y la arcilla; los mismos que dan cuenta de la experiencia única llamada running, y quienes quedan en espera de ver llegar muchos más circuitos por conquistar.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

La profecía del avión secuestrado

“Interrumpimos esta programación —corrección: aburrida programación— para dar una noticia de última hora: un avión comercial con 104 pasajeros que voló de Cancún a la Ciudad de México fue secuestrado. Los responsables exigen hablar con el presidente de la República. Vamos en vivo y en directo con nuestros corresponsales al lugar de los hechos…”.

Así es amable tele auditorio (así nos llaman las televisoras a quienes les regalamos minutos de nuestro tiempo a favor de su raiting), hoy fuimos testigos del mejor reality aero-show que jamás haya presenciado México. Y es que ni El desafío de estrellas ni Hazme reír fueron capaces de acaparar la atención de tal forma. Ahora resulta que un sujeto cualquiera, con una personalidad de dusosa procedencia, puso a prueba a a las autoridades nacionales para que desquitaran su sueldo.

Camionetas por aquí, militares, policías y marinos por allá, un despliegue que el mismísimo SWAT gringo envidiaría, y una perfecta y "objetiva" cobertura periodística fueron el escenario que hoy día dará la nota más relevante en los medios nacionales e internacionales… y todo por culpa de un pastor boliviano que se salió del rebaño. Caray, tan emocionante que parecía todo el teatro televisivo.

Confieso que anduve con el zapping a la orden del día sólo por ver quién se mostraba más amarillista y daba sus argumentos más fumados, pero el asunto resultó tan patético que 15 minutos bastaron para apagar la caja idiota. En el Ajusco, el-que-dia-rio-anun-cia-los-he-chos hacía acto de presencia, pero en Chapultepec el teacher me quedó mal y brilló por su ausencia. Como sea, el tan sonado secuestro sólo resultó ser un acto digno del programa dedicado a los comediantes.

Y no me quiero ver como un quejumbroso que a todo le ve el lado negativo y burlón, pero le invito a pensar, únicamente por un minuto, como un secuestrador decente (ya no hablemos de pasantes de Al Qaeda, esos ya están en las ligas mayores y no se andan con jaladas): ¿tomaría un avión con más de 100 pasajeros sin la ayuda de arma alguna (ni siquiera una corcholata)?, ¿no se haría del control de la aeronave a través de la cabina y su tripulación, o más aún, no desviaría su trayectoria hacia otro lugar para aterrizarla?, ¿dejaría libres a todos los rehenes luego de 45 minutos de hacer su heroico acto sin ver sus demandas cumplidas, e incluso de forma tan caballerosa al ordenar primero las mujeres y los niños (sólo les faltó decir: no corro, no grito, no empujo)?, ¿para qué exigir hablar con el mandamás del país habiendo gente más interesante que él para entablar una conversación?

Pero resultó ser un sujeto cuya profecía indicaba que el 9 del 9 del 09 era cabalístico e iba a advertirnos no sé qué por mandato divino, y bla, bla, bla, y dale otro jalón al porro de hierba… al final hasta salió con el cuento de que tenía como cómplices a tres personajes: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Sin embargo, las imágenes mostraron también a varios apóstoles inmiscuidos, ¿o quienes eran esos extra que atraparon?

Luego, las entrevistas con los supuestos secuestrados que sobrevivieron para contarlo: jamás se pusieron nerviosos, nunca hubo amenazas, todos estuvieron tranquilos y casi casi se echaban unas chelas mientras se resolvía el caso. A su vez, los uniformados portadores de distintas casacas se rifaban para agarrar a quienes pretendían hacer explotar un par de latas de jugo rellenas de tierra, y como estaban en vivo para la TV mundial, había que salir muy fashion y bien peinados (aunque ahora sí se vieron coordinados y no se balearon entre ellos mismos).

En fin, para pasar el rato estuvo bueno. ¿Ahora qué sigue?, ¿un secuestro al trolebús de la ruta Cero?, ¿o quizás hundir las trajineras de Xochimilco? Al menos Aeroméxico tuvo publicidad de a gratis en televisión para aumentar sus bonos en tiempo de crisis y de hoy en adelante aplicará el alcoholímetro a sus pasajeros. ¿O será acaso que el tipo responsable andaba de spring breaker en Cancún y subido de copas se le ocurrió cotorrerar un rato nomás para ver qué se sentía salir en la tele? Sus cinco minutos de fama los tiene bien merecidos, claro, a costa de un rato tras las rejas. Ah, pero estamos en México, y tal vez el detalle no pase, como dijeron Los Enanitos Verdes y seguramente cantaba "el iluminado", de un simple lamento boliviano... "Y yo estoy aquí borracho y loco... nene no secuestres más aviones, que los viajantes se van a atrasar".

sábado, 29 de agosto de 2009

El gigante verde

El reloj marcaba las siete de la mañana y el termómetro nueve grados. En medio de la oscuridad, una tímida lluvia no cesaba desde hacía una hora y sus huellas se reflejaban en forma de pequeños charcos ubicados por todo el terreno. La pista cubierta de arcilla, esparcida a lo largo de 886 metros, empezaba a recibir uno a uno a los deportistas que desafiaban el frío aquel último sábado del octavo mes en el calendario.

Entonces comenzó su andar a través de los senderos tapizados de verde que parecían abrazar sus pasos. El olor a pino y tierra mojada inundaban su olfato mientras alguna ardilla trepaba por los árboles justo a su lado derecho. La sensación del aire en sus mejillas no cesó durante una hora y de vez en cuando alguna gota de agua se desprendía de las ramas para terminar estallando sobre su rostro.

Cuesta arriba, sus piernas empezaban a reclamarle y su respiración se agitaba por el esfuerzo realizado. Sin embargo, por el paisaje que le esperaba bien valían la pena algunos minutos extra de ejercicio. Finalmente ahí estaba: frente a sus ojos, una ciudad despertaba cobijada por la neblina; los edificios parecían esconderse entre el ambiente grisáceo, y las nubes densas todavía abrazaban el cielo del amanecer.

Y luego de alimentar un poco las pupilas, siguió su camino de regreso. Extendió los brazos para rozar a su paso las plantas más cercanas, y la punta de sus dedos apenas sentía el frío líquido que la lluvia les había regalado. El único sonido percibido era aquel de las gotas que caían centímetro a centímetro a través de los árboles y hacían mover las hojas. Bajo sus pies, el sendero de tierra seguía su curso y finalmente regresó al punto de partida.

Inmerso en un mar de gigantes silenciosos de brazos verdes, decidió terminar el recorrido por uno de los pulmones más grandes la ciudad. Respiró profundamente mientras el sol asomaba sus primero rayos, y así concluyó una visita más al mismo lugar donde las circunstancias siempre son distintas. “Hasta pronto”, le dijo en voz baja, y el Bosque de Tlalpan, sin hacer gesto alguno, le respondió lo mismo.

Mayo

Te escribo desde la trinchera del silencio, aquí donde el recuento de los daños pasa factura a punta de recuerdos, nostalgias y preguntas ...