viernes, 29 de junio de 2007

... y pueblos que voy pasando

Hoy debía dormir temprano para sanar la desvelada que me puse anoche. Sin embargo, mis ojos se mantienen abiertos y mis manos sobre el teclado para escribir recuerdos que llegaron a mi mente hace unos minutos. A ello le agrego un par de canciones a ritmo de mariachi con ánimo purépecha y unas pinceladas de lugares que añoro cuando la nostalgia se apodera de mi ser.

A decir verdad, estando aquí sentado frente al monitor en viernes por la noche, no pude hallar mejor pretexto para quedarme en casa que la simple idea de disfrutar el paseo de instantes por mi memoria.

Pues bien, en primera instancia le debo este pequeño lujo a mi mamá, quien me heredó vía sanguínea el gusto por aquella tierra bañada de cultura, tradición e historia, sin olvidar a todos los que han sido parte de este breve andar por los cientos de kilómetros recorridos una y otra vez para estrechar una mano o recibir un abrazo. La distancia y el tiempo lo valen.

¿La primera vez que anduve por aquellos rumbos? No lo recuerdo pero tampoco importa. Cuando el destino te coloca en un punto del mapa sin saber lo que ahí encontrarás, lo demás es lo de menos. Noche y alfabeto me faltarían para describir experiencias, detalles y personas gracias a las cuales se mantiene viva esta llama en la memoria.

Recordaba la canción que rodaba junto a los últimos kilómetros de la carretera antes de llegar a Morelia en un anochecer naciente y me acercaría por primera vez a Pátzcuaro y a la magia de su tradicional celebración de Muertos. Desde entonces a la fecha, aquellas calles empedradas y el andar en el asfalto, junto al reflejo de las nubes en los lagos, me transportan a los sitios donde el regreso es inevitable.

Carnitas, artesanías de madera, corundas, danzas, buñuelos, atole blanco, música, paisajes... lista interminable. ¿Falta algo por decir que el recuerdo olvide? Tardes apacibles e invadidas de tranquilidad con las estrellas como techo han sido el argumento ideal que jamás escribí porque la imaginación se vio rebasada por ello.

Concluyo pues con un fragmento de canción robada de la inspiración de alguien para adueñármelo. Sus líneas caen mejor que nada en este preciso momento, porque a fin de cuentas... “qué lindo es Michoacán, tú si tienes de qué presumir, tus lagos azules, tus llanos dorados y esa tierra linda donde yo nací”.

jueves, 28 de junio de 2007

Amor a la carta

Mis abuelos estarían a punto del infarto al conocer las nuevas formas de conquistar a alguien, y es que en sus años de juventud el enamoramiento significaba otra cosa, aunque el fin será siempre el mismo.

Por ahí quedan todavía en algún pueblo del país vestigios del kiosco alrededor del cual se tejen historias semejantes a un cuento de hadas, donde los varones con flor en mano caminan en sentido contrario al de las mujeres en espera de ser flechadas. El cortejo cumple su objetivo cuando uno de ellos cae rendido ante su amor a primera vista y comienza entonces el contacto verbal. Que funcione o no, es cuestión de la inspiración personal y de vencer uno que otro complejo que lleven los individuos detrás de sí. ¿Anticuado? ¿Pasado de moda? Yo diría más bien que se trata de costumbres arraigadas que han ido pagando las consecuencias de un mundo globalizado donde hasta el amor sufre sus golpes bajos.

Al respecto, veía hoy en internet algunos banners que invitan a suscribirse a comunidades para encontrar pareja. Bastan algunos datos básicos, un clic y listo, a conquistar a quien se ponga enfrente. Se acabó el kiosco, el contacto visual y verbal, e incluso las mariposas en el estómago quedaron reducidas a cenizas. Ahora la mejor carta de presentación es una fotografía y algunas líneas escritas, donde claro, muchos dicen ser la persona ideal: sencillo, romántico, caballeroso, con metas claras en la vida, bla, bla, bla… Me pregunto entonces qué hacen metidos en una página web.

Curioso resulta ver la estadística del portal líder en ese terreno ciber-amoroso: 8,604,900 usuarios durante el último mes. Imagino las miles de imágenes de individuos insertadas en internet buscando a su media naranja, algo así como amor a la carta. Si uno quiere a tal persona con determinadas características, evítese encontrar a otras que no las tengan, ¿así o más fácil? Y desde luego, jamás se verán fotos de cuando se acaban de despertar porque así ni por la cuota pagada sería posible encontrar pareja.

Ya decía yo que la tecnología llega hasta terrenos insospechados. Antes, las cartas eran el contacto físico con las palabras del ser amado, ahora, una tarjeta virtual animada vigente por 15 días te regala afecto y cariño; antes uno preguntaba: “¿a qué hora vas por el pan?”, ahora el cuestionamiento es: “¿a qué hora te conectas al messenger?”... ¡Qué romántico!

Total, que la paradoja persiste y me hace reflexionar: ¿la era de las comunicaciones?, ¿cuál? Si mientras más nos “comunicamos”, más nos aislamos del mundo real. Qué flojera salir, mejor nos ponemos en línea y hasta caritas nos enviamos.

Es cierto que el modo de vida actual lo demanda, pero muchas cosas quedan relegadas a segundo término. Si algún día me suscribo a un portal de este tipo, ya les contaré cómo me va, tal vez hasta una novia japonesa me encuentre y me enseñe a preparar sushi, o capaz que conquisto a alguien cuyo nick sea super_sexy_girl y a la mera hora resulte ser mi vecina con limitados atributos físicos. Con estas tecnologías uno nunca sabe.

El juego que a veces jugamos

Anoche jugué un poco al masoquista. Tomé como pretexto el desamor que suele llegar en ocasiones y entonces hice el ejercicio de atormentarme para desempolvar la memoria respecto al tema.

Me bastó una noche fría, una cama llena de ausencia y algunas canciones muy ad hoc al momento provenientes de un aparato electrónico conectado a mis oídos. La medianoche no había llegado y eso evidenciaba que aún tenía salida de aquel laberinto que me había inventado y en el cual existía el riesgo de perderme.

Entonces los recuerdos hicieron de las suyas... algunos momentos por aquí y otras personas más por allá que, apoyados en letras melodiosas, me tomaron de la mano para llevarme a la experiencia involuntaria de sentirme solo.

Así descubrí el umbral que separa la memoria de la realidad mientras el silencio gritaba y huía. Me refugié entonces en un rincón de la cama inventando siluetas que se desvanecían en la oscuridad hasta que el sueño llegó con la firme intención de vencerme.

Media hora no basta, pensé entonces. Nunca será suficiente para abrazar instantes acompañados de personas, tal vez una en particular. La inseguridad y el miedo asechaban, y eso no estaba escrito en el improvisado guión nocturno. Me apresuré entonces a guardar esos recuerdos, quería esconderlos en el olvido pero sabía que era imposible, así que, al igual que Neruda, busqué un pretexto para justificarme: “Es tan corto el amor y es tan largo el olvido”, me dije… entonces dormí.

domingo, 24 de junio de 2007

Casting

Hoy el zapping se apoderó de mí por 15 minutos, no más. Me hice el firme propósito de ver un rato los realitys presentados por las dos principales televisoras del país, y en verdad hasta para eso debe uno mentalizarse porque fue heroico lo que mis ojos soportaron. El resultado: la promesa de no volver a repetir el ejercicio por salud mental.

Por un lado, la reencarnación de Timbiriche en unos chavitos que aguantaron candela por parte de los “críticos”. Fue paradójico ver a quienes eligieron al grupo de “nuevos talentos” y ahora casi les digan que mejor se dediquen a otra cosa, y encima de todo, el concursante les dé las gracias. Y por su parte, la televisora del Ajusco prometiendo a Disney encontrarle a los protagonistas de su nueva película. Si así será, hasta hollywoodenses saldrán algunos paisanos y ya no nos chutaremos sólo los filmes de los Almada los domingos por la tarde.

Confieso que estuve más al tanto del show televiso, aunque a TV Azteca también le regalé unos minutos para su raiting, ojalá ambos me los devolvieran porque ese cuartito de hora pude dedicarlos mejor a dormir. Y por más que traté de hallarle el lado amable y positivo al asunto, terminé de malas y a punto de lanzar el televisor por la ventana. Conclusiones: Galilea Montijo no tiene crítica alguna, María Inés... perdón, ya me desvié del tema, pero ambas son lo menos peor de los shows.

Ya nos sabemos la fórmula de estos programas y más aún, Televisa se está convirtiendo en experta para eso, ya hasta revivieron a las “Muchachitas”. Total, si algo resultó, repítelo hasta que la gente se harte, ahí está La Academia generación no sé cuál con su multitudinaria lista de artistas reconocidos (¿cuáles?).

En fin, como esto anda de moda, anuncio la convocatoria a mi casting para conformar una nueva selección mexicana de futbol, luego de ver que hoy nuevamente la historia se repitió con Hugo y su escuadra “campeona del mundo” ante Estados Unidos. Mi presupuesto para tal producción no rebasa los 50 pesos, pero no se necesita más, con eso de que asisten miles y no se les da ni un centavo, únicamente la promesa de 10 minutos de fama, pues es un buen comienzo.

Ahí les van mis requisitos: que no hayan sido cachirules en algún equipo llanero y no fumen, o al menos que no lo digan; que no se apelliden Blanco, Bautista, Medina o Lozano; que tengan idea de cómo jugar en conjunto aunque sea por 15 minutos, y no le echen la culpa al árbitro de sus propios errores. Interesados favor de dejar mensaje en este blog y me pondré en contacto con ustedes cuando me acuerde que escribí esto. Ah, no olviden copia de su acta de nacimiento y credencial de elector, también de un comprobante de domicilio.

Las pruebas se realizarán en la cancha cercana a la unidad habitacional donde vivo, poseedora de algunos bordes y charcos, por si salen como Hugo con que el campo está en malas condiciones, entonces ahórrense su presencia. Su estancia en el equipo dependerá de su talento para cantar y bailar, total, cualquiera juega mejor que el Tricolor, ¿o no?

viernes, 22 de junio de 2007

Ciber-Dios

La tecnología está en todo, lo sabemos. Desde que nos despertamos hasta que nos dormimos, en cada rincón y en cada objeto cotidiano. Hasta materia de estudios psicológicos resulta ser el olvido del celular en la casa o la caída del internet porque nos sentimos aislados del mundo y alejados de toda civilización. Nada más anti-real, por supuesto, pero así vivimos, ¿qué le vamos a hacer? Sólo analicémoslo un poco: ¿quién nos hace abrir los ojos más a fuerza que por gusto?: la alarma electrónica; ¿quién es nuestro cómplice para llenarnos de cafeína y así andar a las vivas?: la cafetera eléctrica; ¿quién me ayuda a escribir estas líneas con trazos estilo Times New Roman?: la computadora.

Pues para sumarle algo más a la lista, hoy llegó a mis manos un folleto muy especial, como especial era su mensaje. Puede ser buena noticia para los remilgosos que, al igual que Homero Simpson, hacen gala de sus mejores pretextos para no ir a la iglesia. Se trata de una modalidad para recibir mensajes religiosos durante un mes, algo así como tener a Dios en tu celular todos los días.

Primero fruncí el ceño y luego me pregunté si el Todopoderoso estaría satisfecho de ver su palabra metida en pequeñas pantallas que de igual manera despliegan música, agendas, e-mails y juegos de todo tipo.

En mis tiempos me inculcaron hacer acto de presencia en la iglesia porque era la única manera conocida de acercarse a Dios a través del sermón del sacerdote. Actualmente no acudo muy seguido por varias razones, la principal de ellas porque creo que debe ser un acto voluntario y con verdadera devoción, no porque deba escuchar misa cada ocho días como si se tratara de una serie televisiva. Además eso de toparse con personas que rezan, se arrodillan, alzan los brazos y se dan golpes de pecho para luego salir y practicar todo lo contrario a lo prometido al crucificado me da escalofríos y a veces vergüenza ajena. Diría yo: menos sermón y más hechos por favor.

Pero al parecer eso ya pasó. Dios se ha unido a la tecnología y nos regala su ciber-palabra día con día. Ah, pero no nos salvaremos de la limosna, ya que el asuntito costará 50 pesos con el detalle de ser personalizado, o sea que una mañana nuestro celular dirá: “Alejandro, hoy es un hermoso día para compartir con tus hermanos”... ¿Y luego? ¿Me persigno ante mi teléfono?

A estas alturas ya no sé cuál será el próximo invento. ¿Tendré la misa en vivo desde la Basílica de San Pedro en el Ipod? ¿O acaso San Judas me hablará por el mp3? ¿Será que la Virgen me enviará mensajes de texto?

Señores “innovadores”: por favor dediquen la tecnología a algo verdaderamente útil. La palabra del Señor está bien donde debe estar y en boca de quien mejor sabe decirla. No me salgan con que mis culpas pueden ser absorbidas y sanadas por un aparato electrónico. Sólo falta que me pidan ponerle un altar y le encienda una veladora a San Motorola. Con la fe no se negocia, y si así fuera, entonces yo diría: ¡Válgame el (ciber) cielo!

martes, 19 de junio de 2007

¡Quiero mi acordeón!

Siempre lo he dicho y lo sostengo: estoy en contra de los exámenes como forma de evaluación escolar. Tal vez mi afirmación no sea tomada a bien por muchos, pero veo esas pruebas escritas más como argumento de miedo que como verdadera vía de aprendizaje.

Recuerdo el primer día de clases en la secundaria y bachillerato cuando los profesores ponían claras las reglas del juego: 15% trabajos, 15% exposición, 10% asistencia, 20% trabajo final y 40% exámenes. Y comenzaba la negociación fallida por parte de los alumnos al proponerle que la prueba valiera un 10% (o de ser posible menos) en la evaluación final.

Entonces todos acudíamos a las estadísticas y a los pronósticos para tratar de visualizar nuestro futuro semestral: tener un 10% en los trabajos, 10% en la exposición, 10% de asistencia, 15% en el trabajo final y 15% en el examen… ya estaba lo necesario para exentar. Lo malo era cubrir exactamente lo previsto, de lo contrario, cualquier detalle porcentual que se escapara nos pondría a rezar por nuestras almas.

Y cuando la fecha del examen se acercaba, todos a temblar. Pero había otra opción, lejos de repetir como disco rayado las fechas, los nombres o las fórmulas la noche previa a semejante angustia: los universalmente famosos acordeones.

Confieso que en mi vida hice sólo uno aunque a la mera hora ni lo utilicé porque no sé dónde lo perdí. Hasta para guardarlo debidamente resulté malo. Pero me divertía siempre al ver la creatividad de mis compañeros para hacerlos. Algunos se escondían debajo de la falda, o bien, escritos en la banca, en el suelo o de plano el más rústico y elemental que lo sacaba de su mochila colocada frente a él… claves aquí, claves allá, todo valía.

Pues para beneplácito de la nación mexicana, la UNESCO reveló que nuestro país ostenta el segundo lugar mundial en corrupción estudiantil. Caray, se requiere de un gran esfuerzo para lograr semejante posición. ¿Y cómo no? si los exámenes son sinónimo de aprenderse datos y más datos para escribirlos en una hoja aunque al siguiente día se olviden.

Qué flojera dirían algunos, mejor acudamos a la tecnología digital. Ipods y celulares no sólo entretienen y comunican, también sirven de ciber-acordeones o en el mejor de los casos, con una lana se ahorran tanto trámite. Dependiendo la calificación requerida, es el número del billete el que hablará.

No nos espantemos pues ante esta realidad. Lo que propongo es mejorar el sistema educativo para evaluar al alumno. No concibo el esfuerzo de cuatro meses reflejado en un papel que dará cuenta de la “capacidad” de un estudiante para acreditar o no una materia. Por años así ha sido y todos sabemos lo que pasa detrás del asunto.

Alguna vez supe de un caso donde el profesor pedía a sus alumnos como requisito para presentar el examen un acordeón. Puede sonar absurdo pero también despierta la creatividad para elaborarlo y, como no queriendo la cosa, realmente estudian lo fundamental de un tema, ¿o acaso no es eso lo elemental del papelito enroscado?

Permítanme buscar el que extravié y les diré de qué trataba… ¿Ven? conmigo ni esas cosas funcionan, pero exenté con 9 la materia. ¿A quién le doy las gracias?

Mayo

Te escribo desde la trinchera del silencio, aquí donde el recuento de los daños pasa factura a punta de recuerdos, nostalgias y preguntas ...