martes, 4 de enero de 2022

Ven a Donceles

 “Y es así como las historias de terror sólo existen en la imaginación”, dijo para cerrar el evento de lecturas aquella noche frente al grupo de asistentes.

 

—Ven a Donceles —se escuchó una voz desde el fondo de la sala.

 

Tras el breve comentario, varios se miraron unos a otros, entre confundidos y curiosos.

 

—Ahí te esperan los fantasmas, verás que no es cuento —lanzó un segundo reto.

 

—Claro, me encantaría conocerlos.

 

—Pues cuando quieras, pregunta por Miguel, nomás no vayas a espantarte.

 

—¿Ahorita podría ser? A estas horas seguro encontraremos a más de uno —respondió apresurado para tratar de continuar la charla.

 

—¿Y quién dijo que los fantasmas sólo se aparecen de noche? —cuestionó aquel hombre de abrigo y sombrero mientras se levantaba de su lugar para retirarse del recinto.

 

Arrastrado por la curiosidad, al día siguiente Alex recorrió la zona durante horas sin saber qué encontrar y sólo se vio rodeado por una multitud de gente que iba y venía entre las calles aledañas al Zócalo. Observaba con detenimiento cada edificio y fachada; nada extraño en medio de aquel bullicio citadino. De repente, un detalle llamó su atención: una placa colocada sobre una puerta. Ahí, apenas legible, se distinguía la palabra DONCELES, pero no tenía número. Se acercó y tocó el picaporte que se veía tan antiguo como la puerta misma.

 

—Diga —se escuchó a través de una rejilla que sólo dejaba ver los ojos de una persona.

 

—Buenas noches, busco a Miguel, me dijeron que…

 

—Él ya no vive aquí. ¿Para qué lo quiere? –interrumpió aquella voz.

 

—En realidad no lo sé, sólo me dieron esta dirección y que aquí podrían decirme más sobre leyendas y fantasmas. Mire, me presento, soy…

 

—Sí, ya sé quién es usted —interrumpió nuevamente—, pase.

 

La puerta se abrió y la oscuridad que reinaba en el interior de repente se iluminó con la luz de un candelabro que colgaba del techo. Aquello parecía una librería con estantes llenos de viejos ejemplares junto a las paredes y mesas centrales con textos apilados en desorden.

 

—Ese Miguel que no descansa —susurró.

 

—¿Disculpe? —reaccionó Alex sorprendido.

 

—Nada, que Miguel ya viene poco por aquí. A veces se aparece, pero sólo para espantar a la gente con sus historias. Aunque unos dicen que no son cuentos, sino cosas reales que sucedieron en estos rumbos.

 

—¿Y sabe cuándo podría verlo? Es que estamos dando unas lecturas sobre leyendas aquí cerca y me parece buena idea que nos cuente sus historias, deben ser muy interesantes.

 

—No creo que quieran verlo, desde que le pasó lo que le pasó ya no es el mismo. Pero puedo ayudarle, acá tengo algo que podría servirle.

 

Lo llevó a través de una escalera hacia un pequeño sótano y encendió una luz tenue que apenas dejaba ver lo que ahí había: un escritorio con pocos libros perfectamente ordenados.

 

—Es este —tomó uno, comenzó a hojearlo y se detuvo en una página—. Aquí, esta es la historia que nadie cree, pero pocos sabemos que es verdad.

 

—Me interesa. ¿Cuánto cuesta?

 

—No, ya no está a la venta. Este ejemplar es el único que queda y aquí lo resguardamos.

 

—¿Al menos podría leer la historia? Para conocerla y compartirla después.

 

—No es necesario, yo se la cuento —respondió el hombre con una extraña sonrisa mientras extendía un viejo mapa sobre el escritorio.

 

Con un dedo señaló el lugar donde se encontraban en ese momento, justo en la calle Donceles, y comenzó a trazar un recorrido para explicar la historia.

 

—Caminaba desde aquí hasta llegar a lo que hoy es el Eje Central, daba vuelta hacia Madero y en el Zócalo nuevamente regresaba. Este cuadrante era suyo, todas las noches en estas calles hacía sus rondas para vigilar y encender los faroles que apenas iluminaban la zona. Pero una noche, justo aquí —señaló en el mapa una esquina de la calle Madero—, lo mataron para robarle y al otro día encontraron su cuerpo donde hoy está el templo. Nunca dieron con los responsables.

 

—Qué buena historia, aunque no la había escuchado.

 

—Es que es casi nadie la conoce. Miguel no se la cuenta a cualquiera.

 

—¿Cómo dice?

 

—Así es, en las noches de luna como esta, él regresa a rezar por su alma y llevarse a quienes se cruzan en su camino, pensando que son aquellos que lo mataron. Pena por estos rumbos, le decían “el farolero” y su andar lastimero empieza aquí —señaló nuevamente otro punto en el mapa.

 

—¿Aquí? Pero es justo donde estamos, en este sitio —respondió Alex con una sonrisa nerviosa.

 

—Sí y también deberías rezar por tu alma, porque Miguel no es una leyenda, está frente a ti —respondió con voz ultraterrena mientras lo veía fijamente con una mirada rojiza.

 

Una densa oscuridad llenó el lugar y un grito ahogado fue lo último que sucedió ahí sin testigo alguno.

viernes, 24 de diciembre de 2021

El tour del contagio 2.0

 

 

¡Bienvenidos al bailongo navideño! Una experiencia más para la gente valemadrista que sobrevivió a la primera temporada de este tour, aquella donde una pirámide acartonada reunió a cientos de almas que arriesgaron su vida en nombre del populismo que los mantiene embobados pero felices, aseguran ellos.

¡A la chingada los cuidados! Aquí Ómicron, Delta y sus comadres se dan un quién vive con Pfizer, Aztra y sus camaradas. Olvídense del invierno y la pandemia; hagan de cuenta que nada de eso existe y lo de hoy es entrarle a la verbena, al zapateado y al rezo para que la contagiadera no se propague más. 

En la pista número 1, el mambo; en la 2, el tango y en la 3, la tumba: ustedes eligen para cuál sacar boleto. Pásenle que es gratis, agarren a su pareja que pa' luego es tarde, nomás luego no se quejen de que el bicho se apoderó de ustedes.

En la temporada 1 fue el tlatoani mayor quien lanzó la invitación al Mictlán y ahora es su fiel seguidora que anda haciendo méritos para la silla grande en un par de años la que invita al Zócalo. Así andamos, pues, con la responsabilidad de unos y otros; con la mesura en el olvido, la precaución en la lejanía y el virus con un festín en sus manos.

Ni el California Dancing Club en sus mejores tiempos reunió a tanta gente. Hoy, al "Califas" seguramente le corroe la envidia ante tal convocatoria de bailadores extasiados de luces y parafernalia, pues ya quisiera tenerlos en su pista al ritmo de uno, dos, vuelta.

Y ya no le sigo o me tildarán de aguafiestas, pero la neta yo sí quiero llegar a cargar a los peregrinos este año y muchos más. Además, dicho sea de paso, yo ni bailo, soy el ahuehuete personificado, un tronco digno de trofeo. Punto a mi favor por esta ocasión para evitar las ganas de ir a tirar la polilla.

Así las cosas, por hoy me despido con un saludo-ludo-ludo para toda la raza que disfruta andar ahí sacando sus mejores pasos. Que la vacuna y sus deidades los protejan. ¡Nos vemos en el próximo tour, amigos!

sábado, 14 de agosto de 2021

El tour del contagio

 

 

Bienvenidos al tour del contagio, un evento exclusivo para gente valemadrista carente de empatía y sentido común. Como podrán observar, el escenario ya se encuentra listo para este show único en el mundo y ustedes son afortunados, créanme, pues vivirán una experiencia de vida (o muerte) que no se da en ningún otro lugar del planeta. Siéntanse cómodos, preparen sus cámaras y a disfrutar. ¡Comencemos!

Al frente podrán observar una pirámide que representa un gasto inútil en tiempos de pandemia, pero no importa, lo de hoy es el espectáculo y gracias a ustedes este circo se mantiene vivo. ¿No se sienten orgullosos de eso? También representa un pasaje histórico, según cuentan, pero sólo es el pretexto para proyectar esta parafernalia.

Y aquí hago un pequeño paréntesis para una aclaración: si ustedes vinieron porque querían conocer a Apocalypto, lamento decepcionarlos, pero hoy no asistirá. Es que le tocó guardia en su pirámide, además él sí se está cuidando y prefiere no andar en grupos para evitar contagiarse.

Dicho lo anterior, retomo la explicación de nuestro tour. Les decía que podrán admirar luces, colores y se sorprenderán a lo largo de 15 minutos, tiempo suficiente para contagiarse entre la multitud. Hay que arriesgarse, como les dijo su amado tlatoani. Háganle caso, debemos salir, abracémonos, vengan en metro y propaguen el virus. Exijamos disculpas por la conquista, que se haga sentir ese clamor nacional... mientras él descansa en su palacio y se ríe de ustedes ahí a unos cuantos pasos. ¡Pero arriba ese ánimo!

Además, como agradecimiento por su preferencia, les tenemos una gran sorpresa: podrán visitar el Mictlán ustedes mismos. Nada más guarden su boleto sellado, porque Mictlantecuhtli se los pedirá en la entrada. Ahí podrán convivir con muchos de los aquí presentes y como coctel de bienvenida les darán una muestra gratis de pulque, conocido antiguamente como "octli", la bebida de los dioses. ¿Qué les parece?

Y ya para finalizar este emocionante recorrido, de su lado izquierdo verán la catedral, el símbolo católico por excelencia. Para que no anden refunfuñando de sus orígenes y lo que son actualmente, ¿porque cuántos de aquí ejercen esta religión? Ahí pueden pasar a pedir por sus almas si el bicho los ataca y no encuentran remedio. Si traen sus estampas "detente", el efecto es mejor, está comprobadísimo por la autoridad suprema que siempre ha tomado en serio la pandemia.

Pues bien, por mi parte es todo y espero que hayan disfrutado este recorrido por la historia y el contagio. Después de su visita se les recomienda hacerse una prueba y aguantarse si dan positivo, pero sobre todo, vacunarse contra el virus y contra la ignorancia.

Si mi explicación fue de su agrado y consideran una propina para este su servidor, se los agradeceré de corazón. Pero les paso mi número de cuenta para depósito o transferencia, porque todavía no se me da eso de andar en multitudes. ¡Nos vemos en el próximo tour, amigos!

domingo, 14 de febrero de 2021

San Valentín para dummies

 

Había una vez un señor llamado Claudio II que era emperador romano allá por el año 270 en la era calendárica de Yisuscraist. En sus tiempos se armaban los cocolazos porque la hacía de tos y organizaba guerras, entonces reclutaba a jóvenes para que le hicieran el paro y así ganarle a cuanto compa le cantaba el tiro.
 
Pero estos chavos, antes de aventarse al ruedo con espada en mano como en la película “Gladiador”, querían prometerle amor eterno a sus parejas porque quién sabe si regresarían vivos de las chingas que les acomodaban, entonces matrimoniarse era primordial para ellos y andaban con esa onda en la cabeza.
 
—¿Qué haré para que mis tropas se concentren en las batallas y arrasen con el enemigo? —se preguntaba en buen Claudio. ¿Les contrato un curso de coaching? ¿Les pongo videos motivacionales? ¿Les aviento un discurso épico de esos donde todos acabamos llorando de la emoción? —se cuestionaba una y otra vez.
 
Y después de tanto darle vueltas al asunto, de no poder dormir noches enteras y andar cargando ojeras de mapache, decidió algo que quedaría marcado en la historia:
 
—Ya sé, antes de ir a la guerra les prohibiré casarse a los chavos, porque si lo hacen, se la pasarán pensando en sus crushes, escribiendo cartas, enviando corazones y eso me resta power; los necesito acá chidos, bien concentrados.
 
Pues dicho y hecho, que les cumple su amenaza. Ah, pero ya sabemos que siempre hay alguien que la hace de pedo porque nada le parece y qué creen, justo aquí aparece en la escena el buen Valentín.
“Vale” pa los cuates, era un sacerdote al que no le pareció el decreto de Claudio y también armó su plan: él dijo que casaría parejas en secreto y que viva el amorts. Entonces el registro civil se quedó corto, no se daba abasto con los novios y ahí andaba trabajando horas extra para declarar marido y mujer a quienes solicitaran su servicio religioso.
 
Todo iba excelente, pero también sabemos que no falta el chismoso que desmadra todo y este vato fue a dar el pitazo. Ni sabemos cómo se llama, pero digámosle el “Pato Chapoy Romano”. Acto seguido, giraron una orden de aprehensión al buen Vale, sin opción a fianza ni libertad condicional, lo llevaron al tambo y lo condenaron a muerte. Triste la suerte de nuestro buen amigo.
 
Pues ya encerrado el sacerdote, y mientras esperaba su hora final, Asterio, el carcelero, le presentó a su hija Julia (quien era invidente de nacimiento) para que el letrado Valentín le enseñara. No obstante, el encargado de vigilarlo se burló de él y le dijo que si en verdad era muy ducho, le devolviera la vista a la niña. Y, raza, no me lo van a creer, pero asombrosamente el milagro se hizo, aunque nuestro buen héroe no se salvó de morir justamente un 14 de febrero. Y antes de que el destino lo alcanzara, así bien telenovelero pero real, le escribió una carta a su alumna, la cual firmó: “de tu Valentín”.
 
¿No les da coraje? Me refiero a que anden ahí vendiendo dulces y flores bien caros estos días en nombre del buen Vale y ni siquiera sepan su historia. Pero así es esto, amigos. Que su legado quede en la memoria histórica por los siglos de los siglos. ¿Gustan otro café? Para seguir en el debraye literario.

jueves, 31 de diciembre de 2020

El nuevo despertar

 

A veces repasamos la historia y damos cuenta de episodios lejanos que son memoria de acontecimientos funestos y desde aquí, instalados en la lejanía, sencillamente damos vuelta a la página.

Hoy es diferente, pues resulta que nosotros somos parte de este capítulo llamado 2020 recordado a partir de ya por quienes estamos inmersos en la supervivencia de su agonía. El golpe de timón aconteció entre sus manos y marcó la pauta de un aprendizaje a punta de tragedia, pero también de sucesos que nos mantienen a flote.

Cambiamos las risas por las cifras, los planes por la incertidumbre, la rutina por el miedo y la libertad por las alertas. Pero seguimos, a pesar de los pesares y la marcha que a veces no muestra rumbo alguno. Tenemos a nuestros cercanos, aquí en casa o allá a la distancia; también a los que habitan en la memoria y acudimos para salvaguardarnos desde cualquier plegaria.

Al escribir estas líneas soy afortunado, como tú que también puedes leerlas. Agradezcamos, valoremos, entreguemos una lágrima en silencio y continuemos. Este ciclo fue extraordinario, inusual y cualquier adjetivo le quedaría corto; habrá que clausurarlo con el rigor del aprendizaje que nadie esperaba, pero nos llegó de golpe.

Que cada amanecer cobre nueva vida en nosotros y las ilusiones se mantengan vigentes. Los abrazos llegarán, así como el momento de sabernos libres nuevamente. Desde aquí van los buenos deseos, aquellos que cada fecha como esta se renuevan, pero hoy más que nunca necesitamos que trasciendan en realidad.

Encontraremos luz al final del túnel y ahí estará 2021.

Mayo

Te escribo desde la trinchera del silencio, aquí donde el recuento de los daños pasa factura a punta de recuerdos, nostalgias y preguntas ...