jueves, 12 de agosto de 2010

¿Por qué un maratón?

Esta historia comenzó el 1 de octubre de 2006. Aquel domingo, cuando las manecillas estaban a punto de las 8 horas, supe que existía un lugar llamado Circuito Gandhi donde participaría en mi primera competencia de 5 kilómetros. Enfundado en una playera anaranjada, pants azul y tenis blancos, me sumergí en el asfalto y 27 minutos después el objetivo se había consumado. Y lo confieso: esa misma tarde juré nunca más volver a correr, pues me dolía hasta la escasa voluntad que me sobró siquiera para mover un dedo.

El día siguiente fue crucial: por la mañana, y todavía con la cruda deportiva en cada centímetro de mis piernas, visité la página web donde se almacenaban mis resultados y fotografías. Los instantes que a continuación sucedieron fueron sin duda los responsables de mi continuidad en estas andanzas: la impresora se encargó de materializar mi certificado que presumí a cuanto familiar cruzaba por la sala de mi casa, mi lugar 87 en el evento simplemente me supo a gloria, y la medalla sustituyó al diploma de la primaria en la pared. Entonces advertí una extraña sensación de instalarme nuevamente dentro de mis tenis para regresar a las pistas…

Probé otros 5 K nocturnos y luego di el salto a 10 K. Pero lo mejor estaba por venir: conocí a algunos amigos con quienes tuve la oportunidad de compartir carreras e incluso momentos más allá de ellas, y descubrí que no se trataba sólo de poner los pies en marcha, sino de transformar esos instantes en experiencias almacenadas hoy día en un lugar especial de la memoria. Después llegó el reto del medio maratón, el ascenso en la Torre Mayor y el Tune-Up 26 K, pero siempre acompañado por personas que me apoyaban lo mismo con su compañía que con una llamada o mensaje telefónico (responsables al respecto existen muchos y quienes se saben parte de esta historia seguramente acaban de expulsar una sonrisa de sus labios).

También fui testigo, a través de varios corredores, del poder que tiene la voluntad para hacer frente a distintas adversidades, pues una enfermedad, discapacidad o detalles que muchos ven como negativos, otros los convierten en un reto para demostrar al mundo, pero sobre todo a sí mismos, que la palabra “límite” es apenas una referencia en el diccionario. “Correr por la vida es lo que hacemos a diario”, escribí un día, y más de una vez he sido testigo de ello. El próximo 12 de septiembre será mi turno de comprobarlo.

Si hace cuatro años alguien me hubiera dicho que estaría inscrito en un maratón, sin duda hubiese dudado de su cordura y estabilidad mental, sin embargo, el que hoy parece estar carente de dichas cualidades es quien escribe las presentes líneas. Pero no importa. He leído que más de uno suele llamar “loco” a quienes corren cualquier distancia y, si nos referimos a 42 kilómetros, entonces creo tener asegurada mi membresía en algún manicomio. Hoy diré que mi estrategia no es dejar atrás a otros corredores, tampoco ganarle al cronómetro, sino vencerme a mí mismo y exorcizar mis propios límites.

Así pues, mi siguiente reto está a la vista y hoy, a un mes de correr mi primer maratón, siento los mismos nervios y emoción que cuando hice mis primeros 5 kilómetros. Las circunstancias actuales son distintas, pero muchas personas que me han inspirado siguen conmigo y sé que estarán ahí, física o mentalmente, cuando llegue a la meta… porque esto también es por ustedes.

martes, 27 de julio de 2010

Test del corredor

¿Sabes qué tipo de corredor eres? ¿Naciste o te hiciste? A continuación, responde las siguientes preguntas y al final comprueba tus resultados:


1. ¿Alguna vez te han llamado “loco”?

2. ¿Tus familiares no entienden por qué sales de casa con tanta prisa a las 6 am?

3. ¿Los domingos sales a correr cuando otros regresan del antro?

4. ¿Corres bajo la lluvia, y más aún, lo disfrutas y cantas mientras lo llevas a cabo?

5. ¿Durante el último año has cambiado el TV y Novelas o El libro Vaquero por revistas deportivas?

6. ¿Te has burlado de los automovilistas detenidos por el tráfico mientras caminas o corres alegremente sobre la banqueta?

7. ¿Durante alguna fiesta o reunión familiar has rechazado las bebidas alcohólicas y prefieres refresco o agua de sabor (aunque te vean raro)?

8. ¿Tienes tu refrigerador repleto de cerveza sin alcohol?

9. ¿Tus amigos borrachos te respetan porque eres “bebedor isotónico”? (Ellos no saben qué diablos significa, pero suena apantallador).

10. ¿Has inventado algún pretexto para pagar la inscripción a una carrera en vez de invitar a tu pareja al cine o a cenar?

11. ¿Olvidas tu aniversario de bodas pero jamás la fecha del maratón?

12. ¿Estás convencido de que tendinitis no es un auto europeo?

13. ¿Crees que las ampollas son trofeos?

14. ¿Quitaste de la pared tu diploma de la primaria y en su lugar colgaste la medalla de tus primeros 5 K?

15. ¿Cuando llegas al trabajo todos tienen cara de flojera menos tú?

16. ¿Le pides a los Reyes Magos unos tenis y un short?

17. ¿Has viajado cientos de kilómetros para correr 10?

18. ¿Cuando vas a la montaña corres entre las plantas, pasas sobre ríos, esquivas piedras, te ensucias de lodo, y lo disfrutas como un niño de seis años?

19. Mientras todos piden tacos, tamales o pambazos, ¿tú pides pasta, ensalada y fruta con granola?

20. ¿No te aprendiste los verbos en inglés pero sabes perfectamente qué es “fartlek”?

21. ¿En tu lista del supermercado no pueden faltar las barras energéticas?

22. ¿El único y mejor Top Ten es el que suena en tu Ipod?

23. ¿”We are the champions” es tu segundo himno nacional?

24. ¿Tienes más playeras deportivas y pares de tenis que trajes y zapatos?

25. ¿Estás convencido de que correr no significa acumular kilómetros, sino que se trata de una auténtica experiencia de vida?


Ahora comprueba tu diagnóstico según el número de respuestas positivas:

1 a 10: corredor en formación. Te encontraste con este deporte porque alguien te invitó o porque una mañana no tenías nada qué hacer y se te ocurrió ponerte los tenis para salir “a ver qué pasaba”. Te aficiona practicar el running en parques y circuitos de no gran kilometraje, y eres aficionado a las competencias de 5 y 10 K; quizás un medio maratón está en tus planes futuros, aunque por ahora lo ves como una mera ilusión.

11 a 20: corredor asiduo. Tu felicidad depende, en cierta forma, de correr 2 ó 3 veces por semana. A veces sacrificas la jarra del sábado por la noche para despertar temprano el domingo e irte con tus amigos a practicar este deporte; acto seguido, desayunas en el mercado pero pides quesadillas sin aceite y, en vez de refresco, tomas jugo de naranja. Has probado los 21 K y te ubicas en la delgada línea que separa tu estatus de corredor básico de corredor plus.

21 a 25: gran corredor. Estás totalmente enganchado en este vicio e incluso eres influencia potencial para otros más. Sueles correr a las 5 de la mañana o a las 10 de la noche sin importar el clima. No puedes faltar en maratones, triatlones y en todo lo que se ponga en tu camino. No tienes cura y eso te llena de satisfacción, pues sabes que la palabra "límite" sólo existe en el diccionario.

jueves, 22 de julio de 2010

Ladrón que roba a ladrón

¿Alguna vez ha caído en manos de un policía que lo orilló a la orilla para después mostrarle su afilado colmillo cual si fuera el mismísimo Drácula? ¿Qué sintió el José María Morelos que habitaba en su billetera antes de ser entregado al ciudadano uniformado? ¿Un agudo remordimiento recorrió su cuerpo luego de dar en adopción obligada su billete, cuando su destino bien pudo ser la adquisición de un six chelero? ¿Cuántas palabrotas procesó por minuto después de que subió la ventanilla de su auto tras escuchar la famosa frase célebre: “puede retirarse y maneje con precaución”? ¿Le ha pasado o soy el único que imagina tales circunstancias?

¡Guardiaaas! ¿Apoco no se antoja evocar aquellos comerciales galletosos cuando nos pasa algo similar? Aunque tal vez no haga falta. Una de cal por todas las que van de arena: ayer un policía fue asaltado en el Centro Histérico de esta gran urbe. Las calles 20 de Noviembre y Nezahualcóyotl fueron testigos de cómo la cartera y arma de fuego del poli cambiaron de dueño en un tris. Ante tal acto, los compañeros de la víctima se aplicaron a buscar a los ladrones, pero ya sabemos que en el DF es más fácil encontrar un billete de 250 pesos en la charola de las limosnas antes que hallar una rata de dos patas.

Desde luego que el acto en sí es reprobable, pues la inseguridad está rebasando a toda instancia competente que intenta, por lo menos, controlarla. No podemos ver como algo “normal” las noticias infestadas de asaltos sin solución. Hoy vemos con preocupación y una pizca de morbo la manera en que la delincuencia levanta la mano y nos muestra que ni los policías están a salvo de semejante plaga.

Pero lo olvidaba: estamos en México donde todo pasa y nada sucede. Y si pensábamos que discutir con un policía es igual que reclamarle una falta a un árbitro (con ambos sabemos que llevamos las de perder y jamás les ganaremos), hoy hubo alguien que les dio una lección. Sólo esperemos que no se haga costumbre darle baje a los Señores Justicia, ya que entonces ni el Chapulín Colorado podrá ayudarnos. Sin embargo, no debemos ser tan pesimistas, porque ladrón que roba a ladrón tiene 100 años de perdón, y no existe mejor lugar que nuestra ciudad para comprobarlo.

miércoles, 14 de julio de 2010

Onceavo mandamiento: no te tatuarás

No cabe duda que Guanajuato tiene un imán muy especial para atraer personas dotadas con gran intelecto. Primero fue el intento de multar por besarse en la vía pública, y ahora resulta que llevar puesto algún tatuaje o piercing es sinónimo de pérdida de valores, según dijo la titular del Instituto de la Mujer de ese estado. Así pues, una vez más queda al descubierto el criterio y sabiduría de algunos servidores públicos.

Me pregunto qué pasaba por la mente de esta persona al declarar tales barrabasadas, y más aún, mencionarlas en una plática sobre valores de la familia. Lo grave del asunto, desde mi punto de vista, es que sea justamente una mujer la que utilice como ejemplo la fotografía de otra fémina para confirmar su brillante hipótesis. Mencionó también que en Guanajuato más del 85% de las familias registran violencia intrafamiliar gracias a la pérdida de valores como el citado ejemplo. Aceptemos entonces que la señora ha descubierto el hilo negro: los dibujos corporales y aretes colocados donde sea son culpables de los golpes e insultos al interior de un hogar. Sólo falta que lance su campaña: ¡Des-tatuajicemos Guanajuato!

Tal vez la titular de IMUG vio muchos noticieros y se enteró que actualmente en Arizona existe una ley discriminatoria, ante lo cual no quiso quedarse atrás e inventó algo similar para darse a conocer. ¿Sabrá que existe un sitio en el DF que se llama El Chopo o lo habrá visitado alguna vez? Si no lo ha hecho, mejor que se quede guardada en su casa, porque cuando plante sus pies en dicho territorio, un infarto a su persona será inminente. Además, ¿cuál famoso científico ha demostrado que existe una relación directamente proporcional entre el número de tatuajes de una persona y su comportamiento social? Otros, por su parte, se disfrazan de traje y su actitud deja mucho que desear.

Y ya que estamos emocionados con la moralitis hasta el tope, al respecto tengo una sarta de propuestas para “normar la conducta y promover el bienestar de nuestra sociedad” (hasta me escuché como político): vestir a las momias de Guanajuato, puesto que anualmente miles de visitantes acuden a verlas y vaya chasco que deben llevarse al observarlas exhibidas sin tapujos; censurar en todos los bares y antros la canción “Tatuajes” de Joan Sebastian, porque las mujeres que la cantan seguramente no tienen valores y su moral espantaría a cualquiera; finalmente, prohibir los aretes y todo tipo de maquillaje por ser objetos del deseo que provoca los más bajos instintos de los hombres… ah, perdón, eso sucede con las minifaldas y ya se discutió en su momento.

Tan bello que es el territorio guanajuatense; lástima de algunos individuos que lo habitan. Y como eso del bicentenario está de moda, ¿será posible clonar a Miguel Hidalgo y sus secuaces en la mismísima tierra independentista para que vuelvan a librarnos de personas non gratas? Eso sí sería motivo para festejar.

domingo, 11 de julio de 2010

Con la ciudad bajo mis pies

El despertador sonó puntual y la oscuridad aún reinaba en el segundo domingo del mes de julio. El mal clima no parecía dar tregua, pero tampoco valía pretexto alguno para quedarse entre las cobijas y ver pasar así un fin de semana sin actividad deportiva. Entonces era momento de salir. El objetivo: 22 kilómetros a través de la ciclopista al sur de la ciudad.

La gran antena rojiblanca se asomaba en medio del camino y marcaba el punto de inicio. La adrenalina estaba lista y mis oídos eran presa de sonidos musicales que inyectaban energía a todo el cuerpo. Comenzó mi andar. Al frente, una subida inauguraba el recorrido envuelto por árboles y una ciudad distante que dormía bajo mis pies. El frío cobijaba mis pulmones. Más adelante, la primera gran postal del día: los volcanes que se asomaban entre espesas nubes blancas. Justo ahí, frente al espléndido paisaje dibujado ante mis ojos, me felicité por haberle robado horas de sueño al reloj hoy por la mañana.

Mis pasos continuaron acumulando kilómetros mientras el sol asomaba sus primeros rayos. El kilómetro siete de la carretera Ajusco-Picacho se fue alejando para dar paso a un majestuoso paisaje rural que, increíblemente, se puede disfrutar a pocos minutos de la gran urbe: campos de cultivo tapizados de verde, árboles atrincherados en una escarpada montaña, puestos de comida que ofrecían incluso pulque —¿venderán curados de Gatorade?, me pregunté—, animales pastando junto a la vía de dos carriles, y un interminable trino de aves que acompañan el sendero.

En otra época, el silente paisaje donde actualmente se ubica la ciclopista fue testigo de los pasos ferrocarrileros cuya ruta era México-Cuernavaca, y con la extinción de los vagones arrastrados por la máquina, la ruta obtuvo su nueva función. Su trazo parece una gran serpiente, y nosotros, al estar en ella, visitantes de su hábitat.

Por momentos, el único sonido era el de mis pasos devorados por el camino. De repente, un ejército canino apareció haciendo valla y observando el andar de quienes ahí pasábamos. Entonces fue preciso admirar un cercano Pico del Águila que se levantaba imponente ante mi vista. Once mil metros se reflejaban en el monitor electrónico y, a pesar del paisaje que invitaba a continuar su recorrido, la distancia del entrenamiento indicaba el regreso inminente; la altura me regaló una dosis extra de oxígeno y volví para completar el kilometraje del día.

Dos horas después del arranque, la gran antena apareció nuevamente y atrás quedó el sinuoso camino donde, por momentos, el silencio se escuchó para presenciar una a una las pulsaciones cardiacas que me acompañaban. Así pues, un total de 22 kilómetros bastaron para vivir la gratificante experiencia de correr rodeado de naturaleza en un lugar que parece tan lejano de la ciudad, que apenas lo tenemos a 15 minutos del periférico sur.

Por hoy la misión está cumplida. Un circuito más queda registrado en mi plan rumbo al Maratón de la Ciudad de México y, desde luego, en espera de repetir la experiencia próximamente.

Y tú, ¿qué estabas haciendo hoy a las 8 de la mañana?

viernes, 25 de junio de 2010

Politiquería pambolera

Hoy amanecí con la leve sospecha de que existen políticos mexicanos más locos que Renfield, personaje de la novela Drácula. Y para muestra un botón: un diputado priista —del cual me reservo su nombre porque hasta pena me da escribirlo— se vio presa de la pasión futbolera y ante la derrota del tricolor en manos uruguayas, terminó tan indignado que quiso ir más allá del mero relajo y tomó muy en serio el asunto. Según él, citaría a comparecer al técnico Javier Aguirre para que diera una explicación a los mexicanos de por qué metió a su amigo el jorobado, no puso de titular al "Chicharito" y dejó en la cancha a Guillermo Franco.

El señor exhortó “a nombre de todos los mexicanos” a que el entrenador confesara ante el Congreso sus decisiones tácticas para dicho encuentro deportivo. ¿Así o más ridículo? Juro que me di a la tarea de revisar en distintos medios informativos para comprobar la veracidad del posible chascarrillo político, pero luego advertí que en México, y viniendo de esta rara especie, cualquier detalle es posible.

Pero no todo podría ser una tomada de pelo. Quizás el afamado diputado tenga razón y debamos exigir a Javier Aguirre nos aclare sus movimientos turbios que no llevan a resultados positivos. Y ya encarrerados, también juzgar a Mejía Barón por no meter a Hugo Sánchez en el mundial de 1994 y demandar a García Aspe por fallar penaltis; sin olvidar un juicio a Lavolpe por perder en 2006 y a Guillermo Ochoa por “comerse” un gol durante un juego de práctica. Como en México gozamos de total transparencia en cualquier ámbito, el futbol no debe ser excepción.

Una vez más queda en evidencia que algunos servidores públicos tienen gran vehemencia por resolver casos de enorme importancia nacional. Seguramente millones de mexicanos no hemos podido dormir desde que los uruguayos le dieron una lección a los verdes, y exigimos una explicación clara y contundente de lo ocurrido... por cierto, ¿cuándo habrá justicia por el caso de la guardería ABC? ¿En algún momento bajará la cifra de inseguridad en el país? ¿Qué se está haciendo para abatir el desempleo y la pobreza? ¿Y la tan nombrada transparencia en el manejo de los recursos? ¿No son más importantes estos temas antes que andarse rasgando las vestiduras por un simple juego de futbol?

Así pues, hoy sumamos un caso inédito de inteligencia a favor de los mexicanos. Luego no andemos pregonando que nuestros representantes no hacen su chamba y se preocupan más por intereses personales. Y como apunte final diré que, si bien el tema del futbol fue excluido de este blog hace algunos ayeres, hoy sucumbí ante la tentación de escribir acerca del mismo gracias a un personaje que, lastimosamente, quedó en evidencia por su capacidad sancionadora. ¡Otro más a la fila del antidoping!

martes, 8 de junio de 2010

¿Ole? (segunda parte)

El 22 de septiembre de 2007 publiqué en este espacio una crítica personal dedicada a las corridas de toros. Pues bien, en esta ocasión retomaré el tema, pero no para repetir como lección de primer año lo que dije hace algunos ayeres, sino más bien para mencionar un detalle curioso y criticado por muchas personas (me incluyo en ellas).

¿Recuerda usted qué hacía a los 12 años? A esa edad, yo estaba en la secundaria entre un mundo de ecuaciones, libros de historia y un taller de electrónica donde los alumnos construimos una obra maestra llamada caja de toques; también echaba un buen relajo con mis amigos y pateábamos balones de voleibol como respuesta a la negativa docente de permitirnos jugar futbol en la clase de Educación Física; por las tardes hacía mi tarea y practicaba el soccer (a esa hora no lo teníamos prohibido); a veces incluso iba a fiestas cuya barra libre se agotaba en la tercera Viña Real. En resumen, era un chamaco común y corriente.

Pues bien, el domingo pasado en la Plaza México se presentó un niño de esa edad, pero no para sentarse en la butaca junto a su padre y conocer los pases de la muleta. Resulta que tenía puesto un traje de luces y espada en mano: era novillero y estaba dispuesto a “ganarse el respeto de la multitud”. El espectáculo fue penoso: un ejemplar de 385 kilos frente a otro de menor tonelaje y estatura evidentemente mandaría a morder el polvo al chamaco, pero eso sí, todos espantados porque el infante terminó revolcado en el piso.

Ya no discutiré el absurdo de este “espectáculo”, sin embargo, tuve la oportunidad de ver el fragmento de un video donde “Michelito” ensarta una espada en la cabeza del toro para matarlo. ¿No tendrá algo mejor que hacer este niño? ¿Le será muy divertido ejecutarse animales de esta forma? ¿Sus padres estarán felices de ver cómo su retoño se echa a otro ser vivo, y encima de todo, sentirse orgullosos por eso?

Pero no debería extrañarnos. Las leyes en este país son tan endebles que si al rato vemos a un bebé ebrio manejando por el periférico hasta ternura nos va a dar. Irresponsabilidad es la palabra que califica estos actos, tanto por el niño, su familia, las autoridades que lo permiten y la gente que va a ver semejante show. Basta con mencionar que en España, torear antes de los 16 años está prohibido y en Catalunya está cercana la abolición de las corridas de toros. ¿Y qué esperamos nosotros para hacerlo? La tortura animal disfrazada de espectáculo es inadmisible, ¿cuándo lo entenderemos?

Casos tenemos de sobra, por mencionar uno, el de “Callejerito”, perro torturado brutalmente y asesinado por tres chavos a los que les pareció divertido subir el video a facebook. ¿La respuesta ante tal acto de barbarie? Una ridícula multa de 380 pesos a los graciosos asesinos, pero eso sí, un linchamiento virtual que más de uno desearía verlo en la realidad.

¿Entonces cuál es la diferencia entre “Callejerito” y los toros? La fiesta brava presentada en plazas donde la multitud aplaude y un “valiente” se planta frente a un animal cuyo intelecto es inferior (aunque sinceramente lo dudo), y un trío de pubertos golpeando a un perro hasta matarlo, arrojan el mismo resultado, a pesar de los lugares y las circunstancias. ¿Por qué a uno se le cataloga como un delito y al otro no, cuando ambos lo son? Recordemos que “el modo de valorar el grado de educación de un pueblo y de un hombre es la forma como tratan a los animales”… lo dijo Thomas Edison y a nosotros parece importarnos un bledo, ¿o no?

Mayo

Te escribo desde la trinchera del silencio, aquí donde el recuento de los daños pasa factura a punta de recuerdos, nostalgias y preguntas ...