jueves, 15 de abril de 2010

Obesidad intelectual

No cabe duda que cuando las autoridades se proponen hacer algo mal, ya sea de forma inocente o intencionada, lo cumplen. Valiéndose de pretextos tan absurdos como increíbles, algunos “intelectuales” se aferran al primer lugar mundial en obesidad infantil mexicana. Así pues, debo insistir en una idea de la cual estoy plenamente convencido: lograr ese galardón seguramente significó sublime esfuerzo como para perderlo así nomás.

Ayer mismo, y luego de haber aprobado la ley en contra de este padecimiento, el secretario de Educación dijo que “va a estar difícil”, pues destinar 30 minutos diarios de ejercicio en las aulas impediría terminar cabalmente los planes de estudio. Señaló además que la ley no es muy precisa. A ver, ¿qué parte de “30 minutos diarios” no habrá entendido? Si Pitágoras no se equivoca y mi reloj no falla, un minuto equivale a 60 segundos, por lo tanto, debemos multiplicar 30 por 60 y ya está… ese es el tiempo que se debe destinar a la actividad física cotidiana para los niños. ¿O alguien se lo podría explicar peras y manzanas?

Luego, paso dos: e-jer-ci-cio. Mr. Secre, si su diccionario no es muy preciso en el significado de esta palabra, o para usted es un lenguaje con grado extremo de tecnicismos, se lo diré de manera sencilla: dícese de la actividad física que cualquier persona puede realizar, ya sea desde caminar en forma constante durante cierto periodo de tiempo, hasta la práctica de algún deporte en equipo. ¿Voy bien o me regreso?

¿Entonces cuál es el problema? ¿Desde cuándo le tiene tan preocupado perder tiempo de clases para destinarlo a una actividad donde se involucra la salud de los niños? Más pierden en inventarse “puentes” y días festivos para no laborar, que 30 minutos al día para favorecer el bienestar de los chamacos. ¿O prefiere tener a infantes con serios problemas físicos, pero eso sí, supuestamente repase y repase libros? Más bien, creo que la pregunta inicial debiera ser: ¿usted mismo practica ejercicio?

Luego están las “tácticas creativas” plasmadas en los libros de texto para fomentar el ejercicio en las escuelas: imaginar que van siguiendo un objeto volador no identificado; improvisar una cancha bajo el cobijo de un árbol, colocar una cubeta como canasta en una de sus ramas y utilizar como pelota una bola de papel o de cinta adhesiva; jugar a las ranitas saltarinas… ¡Válgame Dios!

Por supuesto no les explican a los chavitos las reglas básicas de algún deporte, pero eso sí, los quieren volver fanáticos de Maussan, hacerles creer que un árbol y una cubeta funcionan como tablero de basquetbol, que una bola de papeles y diurex rebota, y, encima de todo, tratarlos de animales brincolines… luego no se pregunten por qué no quieren ni mover un dedo para ejercitarse.

Ya ni llorar es bueno. Acusan además falta de recursos para pagar maestros expertos en la materia. Pues claro, es mejor destinar la plata, por ejemplo, a comprar Hummer’s y soltarle billete a personas que no saben pronunciar siquiera el nombre de una enfermedad. Al rato probablemente no sólo eliminen la educación física de los colegios, sino que también propongan la venta de tacos de suadero y al pastor a la hora del recreo, total, si ya nos ganamos el número uno, debemos luchar por mantenerlo a costa de los niños.

miércoles, 14 de abril de 2010

RENAUT RE-ABSURDO

Ave María Purísima, sin pecado concebida…

Confieso en este blog y ante ustedes, queridos lectores —pues en los sacerdotes no confío por aquello de la pederastia—, que he pecado. Luego de encontrarle mil y un detalles absurdos al dichoso RENAUT, ayer, seguramente después del tremendo viaje que me puse por inhalar un aromatizante lavanda, sucumbí a la tentación de registrar mi celular en la mejor barrabasada del presente año. Pero lo rescatable del caso es que San Motorola y sus apóstoles ya me concedieron su perdón porque hoy mismo me di de baja del famoso registro (también se puede hacer pero pocos lo saben).

Seguramente a los autores intelectuales de tal iniciativa se les ocurrió en una noche de copas y pensaron que estaban inventando el hilo negro:

—Ahora sí señores, hic… un mensaje celular nos, hic… nos salvará de la delincuencia y se acabarán los secuestros y extorsiones, hic.

—Sí, yo apoyo a, hic… mi compañero, qué digo compañero, hermano del alma, en su ideota, hic… por eso te quiero mucho, sabes que eres mi brother. Tan brillante solución sólo a nosotros los políticos, hic… se nos pudo haber ocurrido. ¡Saluuuuuúd!

—¡Saluuuuuúd!

Pero no seamos tan pesimistas y veamos el lado positivo… mmm… esteee… mmm. Mejor sí seamos pesimistas porque no existe tal. Según dijeron, es para evitar extorsiones y fraudes… a los que ellos mismos nos tienen acostumbrados, pues muchos se hacen desde cárceles, ¿y con permiso de quién? Además, ¿no se supone que al momento de comprar un teléfono celular están nuestros datos en la factura? ¿Para qué los quieren otra vez? Lo más seguro es que el delirio de persecución ya invadió a los mandamases de la nación, mejor sería recomendarles un psicólogo.

Y sólo por mencionar algunas mentiritas del RENAUT, aquí les va el dato:

• El contador en la página web de la COFETEL era un programa sincronizado con la computadora donde se visualizaba; si se le cambiaba el dato y la cifra, se alteraba, ya sea en lo pasado o en lo futuro, por lo tanto la “cifra oficial” era un argumento a lo Pinocho. ¿Esa es la credibilidad que tanto presumen?

• Decían que había casi 12 millones de usuarios en proceso de su registro desde que venció el plazo. Cuatro días después de la fatídica fecha, a mí me llegó la confirmación en cinco horas, y el mensaje donde me di de baja, en una… yo pensaba estar en la fila durante días y días.

• Muchos se registraron con nombres falsos e incluso resultó que Felipe Calderón ¡tiene más de cinco mil celulares! (¿tendrá el don de la ubicuidad como La Llorona en tiempos de la Colonia?).

• En la cámara de diputados ya se pidió interrumpir la instrumentación del RENAUT. ¿Pues apoco pensaban que las telefónicas perderían millones de pesos por capricho de algunos? Nos pintaron el apocalipsis telefónico y al final sus abuelitas dijeron que siempre no.

En fin, que si mandan mi línea al limbo celular, como dice el eslogan de una marca chelera: “La cosa es buscarle”. Busquemos entonces nombres y fechas de nacimiento de quien se nos ocurra y demos de alta esos datos en nuestro teléfono. ¿Se imaginan uno robado que extorsiona a nombre de Luis Donaldo Colosio? ¡Dirán que no andaba muerto, andaba de parranda! Yo, mientras tanto, estoy fuera del registro —por fortuna y gracia divina—. Al menos pude retractarme de mi acto (y también deseché el aromatizante lavanda), pero habrá quienes queden en ridículo cuando vean que su ocurrencia va a dar derechito y sin escalas al cesto de basura. En el último de los casos, cuando me pregunten por qué me registré, responderé al más puro estilo Cabañas: “no recuerdo nada”.

jueves, 8 de abril de 2010

Un show llamado Paulette

Este es el noticiero de la mañana
el único que dice lo que le da la gana
después de un corte regresamos
con lo más completo de lo que soportamos
.
"Noticiero", Ricardo Arjona
..
Hasta hace unos meses pensaba que los reality show y los discursos políticos era lo más “palomero” que la caja idiota podía ofrecernos. Hoy acepto que me equivoqué al afirmarlo, pues sin duda alguna una niña de cuatro años les arrebató el raiting de manera magistral y siniestra.

Su nombre es Paulette, y su caso, un teatro digno de Broadway: una noche su mamá la deja dormida en su cama y, como por arte de magia, a la mañana siguiente desapareció sin dejar rastro alguno. Taraaaan, nada por aquí y nada por acá. ¿Quién se la llevó? ¿Cómo se esfumó de su habitación? Ni el mago Chen Kai tendría la respuesta ante semejante acto de escapismo. Posteriormente, los medios informativos meterían su cuchara y los actores pondrían su granito de arena para hacer de éste el mejor guión televisivo nunca antes visto.

Mantas por aquí, carteles por allá, redes sociales indignadas y un clamor generalizado se escuchaba para recuperar a la infante. Sin embargo, la sorpresa fue mayúscula cuando su cuerpo sin vida apareció en su propia casa debajo de su colchón; estaba “hecha bolita” y nadie se había percatado de su presencia… ahora sí había una verdadera indignación por lo acontecido.

Vaya usted a saber las causas y los responsables. En nuestro México lindo y querido todos somos adivinos pero nadie atina a la verdad. Que si fue la mamá, que si las nanas, que si la amiga durmió en la cama, que si hay lana de por medio, que si las autoridades dicen y no dicen, que si las declaraciones contradictorias… ¿Sabe usted quienes son los responsables de los 49 niños muertos en la guardería ABC? ¿Entonces por qué este caso tendría la misma o mayor relevancia?

Juguemos un poco al detective. La pregunta de los 50 mil millones de pesos es: ¿Quién la mató? ¡Hagan sus apuestas! Una de tantas hipótesis dice que posiblemente fue un simple accidente. ¡Seguro! La niña tomó mucha agua la noche previa a su desaparición y durante la madrugada, al querer ir al baño a descargar el vital líquido, todavía adormilada, quiso bajarse de su cama y no le atinó al piso pero sí a un pequeño hueco donde fue a dar sin querer. Ahí decidió seguir sus dulces sueños y jugar a las escondidas durante varios días, pero entre tanta preocupación de sus padres, al no encontrarla decidieron invitar a los reporteros y cuando pasaron a la habitación se sentaron sobre la cama… ahí fue donde ella murió por asfixia.

¿Apoco no suena lógica mi reconstrucción de los hechos? A estas alturas ya cualquier "explicación" se puede pensar, ¿o contratamos a Sherlock Holmes para aclarar el homicidio? ¿Dónde están las adivinaciones de cadáveres sembrados de "La Paca" cuando se le necesitan? Lo patético del asunto es que una vida se perdió, nadie sabe dar una respuesta acertada y el show continúa. Una niña descansa ahora en el cementerio mientras su madre, sentada en un sillón, platica con los reporteros.

Así pues, en los padres de la menor ni confiar, en las autoridades menos, ¿y en los medios informativos? Se lo dejo a su consideración. ¿Y nosotros como opinión pública en qué posición estamos? ¿Quién nos dicta que esa sea la noticia del mes? ¿Cuándo y por qué motivo permitimos que este caso sea tema de conversación y lo veamos hasta en programas de espectáculos? ¿Por qué razón se le dedican horas y horas, páginas y páginas, cuando a diario existen por montones y nadie les pone los reflectores enfrente? ¿Hasta cuándo nos sacudiremos el fantasma del morbo?

¿Hasta cuándo?

lunes, 5 de abril de 2010

México chatarra

Nada mejor que un primer lugar para celebrar el tan sonado bicentenario en territorio nacional. ¿O acaso existe algo mejor que estar parados en el pódium para presumir el número uno a nivel mundial? Muchos países nos observan y, orgullosos de nuestro gran empeño por lograrlo, debemos dar el ejemplo incluso más allá de nuestras fronteras.

Dejémonos pues de tanto discurso chafa, politiquería barata y teatros televisivos que a diario nos atascan la pupila y los oídos. Mejor demos paso a un festejo lleno de sabores, formas y colores, pues la gastronomía chatarra es nuestro mero mole, pregúntenle a los niños mexicanos y la respuesta será contundente: primer lugar en obesidad infantil en el globo terráqueo.

La pregunta es muy sencilla: cuándo usted ve caminar por la calle a un niño con sobrepeso, ¿su gesto es de risa y/o ternura, o la preocupación invade momentáneamente su rostro? Si su respuesta fue afirmativa para la primera opción, existen dos alternativas: o es su hijo y le importa un soberano cacahuate su salud, o bien aplica aquella frase divertida pero tan ridícula de “mejor gordo que dé risa y no flaco que dé lástima”. De ser así, no tiene más qué hacer en este post y puede perder su tiempo es asuntos más triviales. Pero si eligió la segunda posibilidad, sea bienvenido al mundo real y continúe leyendo, tal vez algún dato esparcido por aquí le sea de utilidad.

Resulta que en 2010 la cifra de infantes de entre 5 y 11 años con “llantitas y cachetes rebosantes” ascendió a 4.5 millones en territorio nacional. ¿Cuál es el problema entonces, si al abrir sus loncheras a la hora del recreo encuentran cualquier cantidad de porquería en forma de alimento? Nada para alarmarnos, por supuesto, solamente algunas nimiedades que poco deberían interesarnos. ¿O acaso tienen importancia los riesgos provocados por este mal, como la hipertensión arterial, infartos, enfermedades vasculares y cáncer de esófago o riñón? Súmele la autoestima minada que poseerá su chamaco cuando sus compañeros lo bauticen bajo distintos nombres como el Niño-Michelín o Ñono. ¿Casi nada verdad?

Y no culpemos a la publicidad como algunos pretenden. Si su hijo pasa horas frente al televisor machacándose las neuronas, la responsabilidad —o irresponsabilidad— es de quien lo puso ahí; si además evita el ejercicio porque el Play Station lo satisface más con menos esfuerzo, y los directivos escolares piensan que practicarlo es una pérdida de tiempo, entonces no busquemos un auténtico milagro.

Más allá de planes gubernamentales y programas alimentarios dictados por Secretarías de Salud, la solución empieza en el hogar y nosotros somos los principales protagonistas. Revisemos la lista del mercado, abramos la alacena y rectifiquemos nuestros hábitos antes de sentarnos a la mesa. Tampoco satanicemos a los productos que hoy están en boca de muchos niños, porque su ingesta, en la debida proporción, incluso es necesaria para su formación física. Lo malo está en abusar de ellos y tomarlos como patrón de alimentación diaria. Luego en la edad adulta pagan el precio, y si no me creen, basta con mencionar que México es el principal consumidor de refrescos en el mundo, con un promedio de 160 litros anuales por individuo. ¿Verdad que ya no resulta muy gracioso? Se los dejo de tarea.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Circo, maroma y política

Siempre lo he dicho y lo reitero: no existe mejor terapia contra el estrés que sentarse frente al televisor durante la trasmisión de cualquier noticiario donde aparezca uno o más políticos en escena. A lo anterior súmele un cómodo sillón, un refresco bien frío y un trozo de pizza recalentado, y así nos ahorramos la ida al cine en estos días donde el efectivo anda escaso.

Hoy no fue la excepción y comprobé mi teoría. Diez minutos bastaron para deleitarme con un show que por mucho ha rebasado a los Polivoces y la Carabina de Ambrosio. Resulta que los tricolores y los azules andan jugando al tú las traes con los supuestos papelitos firmados cual si fueran niños de primaria peleando en el recreo. Aunque pensándolo bien, sí son unos niños cualesquiera, pues hasta Pinocho se apareció en uno de sus lugares y varios le aplaudieron y rieron al verlo… esa es la estatura de nuestra clase política, ¿apoco no debemos estar orgullosos de ello?

Pero no le demos vueltas. Tanto circo no es de a gratis. Entre las habladas y pedradas lanzadas por personas de traje y alguna dama ataviada folklóricamente, el objetivo único es ver quién terminará sentado en la silla grande en un par de años. Y como cada cual tiene un pasado, y un presente, bastantes difíciles de explicar y comprender, pues la maña y la descalificación son los mejores argumentos de sus respectivas chisteras (de las propuestas verdaderas y convincentes mejor ni hablemos, esas ya se extinguieron junto con los dinosaurios).

Entonces que por favor alguien me explique, porque seguramente mis fórmulas, que a continuación detallo, son totalmente erróneas:

Azul + amarillo = echarle montón al tricolor para dejarlo quieto.

Naranja + verde + morado + resto de los colores + lo que se deje = muchos dulces robados al tricolor.

Autógrafo tricolor + firma azul (ambas en lo “oscurito”) = no te juntes con esa chusma (amarilla) porque echarme montón sería despedirme de la grande.

Y resulta que hasta al polígrafo y el debate público le entrarían para comprobar que dicen la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad. ¿A quién le creeremos? ¿Al derechueco? ¿Al izquierdozo? ¿A ambos o a ninguno? A mí se me hace que mejor leo mi horóscopo de una revista de espectáculos, pues a estas alturas del partido tiene más credibilidad que las decadentes y caducas palabras de un grupo autodenominado representante de los mexicanos… más hollywoodense no podía ser.

jueves, 11 de febrero de 2010

2010: ¿qué festejamos?

Este año todo es bicentenario: desde el aniversario de “nuestra independencia”, hasta el apodo del torneo pambolero nacional. Bicentenario por aquí, bicentenario por allá, bicentenario en la sopa y bicentenario hasta en el baño.

Y como al gobierno le encanta la pachanga —vive permanentemente en ella—, además de que en México el dinero sobra, ayer se anunció con bombo y platillo el programa oficial de los festejos bajo el bipretexto antes bimencionado. En resumidas cuentas, los actos en el país sumarán más de 2,300… ni el Guadalupe-Reyes ha tenido tanto éxito en su historia.

Pues resulta que tanta fiesta y eventos tendrán un costo del cual no se dirá ni pío hasta el 2022. ¿No que la transparencia y el acceso a la información son la neta en el país? ¿Dónde están los que se escudan en ellos y a la hora buena les da un ataque de tos antes de responder? ¿O acaso serán los organizadores quienes soltarán el billete para saciar sus caprichos patrioteros? A mí me suena más bien a que los ciudadanos contribuyentes tendremos que mocharnos (aún más) para semejantes teatritos.

Sin embargo, y previo a despotricar por las decisiones absurdas de otros, reflexionemos: ¿qué festejamos realmente los mexicanos en 2010?, ¿la supuesta libertad heredada por los héroes nacionales es la que tenemos hoy en día?, ¿podemos realmente vitorear nuestra independencia?, ¿dónde quedaron los ideales y la esencia de las luchas sociales llevadas al cabo hace 100 y 200 años?, ¿un discurso oficial es suficiente para convencernos?

Tan sólo detengámonos 10 minutos a hojear un periódico, ver un noticiero o simplemente observar a nuestro alrededor en el diario andar por la ciudad. ¿Acaso las inundaciones, problemas viales, inseguridad y desempleo no merecen más fondos para combatirlos? Pero lo olvidaba, cualquier paliativo está de moda, y mientras los impuestos suben y el precio de la gasolina se pone en órbita, algunos creen fervientemente que están en deuda con la historia cuando ellos mismos se han encargado de echarla a perder.

Ni modo, una vez más no lograron convencerme, y me refiero en especial a los discursos del “mandamás mexicano”, porque hace un buen rato sus palabras son más falsas que un discurso telenovelero del canal 2. ¿Festejar el bicentenario con la construcción de vialidades y puesta en marcha de programas sociales? Qué pena que así se considere sólo porque una fecha lo dicte. Entonces anotemos nuestras exigencias, con un poco de suerte tal vez nos harán caso dentro de 100 años.

sábado, 6 de febrero de 2010

Nobeladas

Hace algunos meses varios carcajeamos cuando nos contaron el chiste del mandamás gringo que recibiría el Premio Nobel de la Paz. Sin embargo, al ver la seriedad del asunto, hubo dos noticias: la mala, que resultó ser verdad; y la más mala, que el reconocimiento se le otorgó a un personaje cuya postura es a favor de la guerra. “Debió ser un lapsus brutus de quien lo nominó, y sobre todo, de quien lo designó. Seguramente no vuelve a suceder”, me dije… y el iluso de yo siguió su camino.

Pues resulta que en las recientes ternas para recibir el galardón en 2010 apareció el pacífico, ejemplar, comprensible y humanista “internet”. Así como lo lee. Un objeto inanimado es candidato para llevarse la estatuilla cuyo valor, al parecer, se va depreciando día con día. Sin duda Alfred Nobel volvería a morir si supiera en lo que se ha convertido su última voluntad antes de partir del mundo terrenal.

Pero demos el beneficio de la duda a la versión italiana de la revista Wired, la cual propuso al ciber-candidato bajo el argumento de que la telaraña mundial "es una herramienta que permite el diálogo avanzado, el debate y el consenso a través de la comunicación". ¿Apoco no es digno de ganarse el merecido premio? ¿Y qué hay de las miles de páginas con contenido poco o nada apto para la sociedad? Mejor sería olvidar ese detalle, no vaya a ser que empañe la visión de los jueces a la hora buena.

Imaginemos pues que el internet se lleva los honores, entonces surgen varias dudas: ¿quién recogería el Premio? ¿Acaso el mouse pelearía con el teclado y el monitor para subir al escenario a recibir los aplausos? ¿Y si de la emoción hay lágrimas y provocan un corto circuito? ¿La memoria USB se pondría celosa por no haber sido invitada al evento y armaría un complot cibernético? ¿Y si se cae el sistema? ¿Quién trasmitiría la alfombra roja en tiempo real si el mismo internet está ocupado firmando autógrafos ahí mismo?

Empiezo a imaginar el cuadro de honor con sus mejores representantes: Madre Teresa de Calcuta, Rigoberta Menchú, Nelson Mandela, Kofi Annan, Barack Obama y Mr. Internet. ¿Qué sigue? ¿El Nobel de literatura al Libro Vaquero? ¿El de química a la jeringa que aplicó la vacuna contra la influenza en el Metro Balderas? ¿El de economía a mi alcancía en forma de cochinito?

Mejor vayamos preparando nuestras apuestas, porque ni los premios TV y Novelas se ponen tan interesantes. ¿O será que tal vez nos hemos convencido de que nuestros “líderes” ya no sirven ni para los chistes malos y mejor depositaremos nuestra confianza en objetos de uso cotidiano? Quizás éstos últimos tengan más valor y funcionen mejor. Bien valdría la pena el análisis.

Mayo

Te escribo desde la trinchera del silencio, aquí donde el recuento de los daños pasa factura a punta de recuerdos, nostalgias y preguntas ...