jueves, 24 de enero de 2008

Mi primera vez

Eran las cinco de la mañana. El sol aún no se asomaba pero desperté de inmediato al escuchar la alarma electrónica. Mis sentidos se activaron rápidamente y cualquier sensación de cansancio quedó atrás ante lo que vendría unos instantes después… mi primera vez.

Afuera, el viento soplaba tímido pero dentro de mí el calor comenzaba a sentirse con mayor intensidad. Entonces me vestí rápidamente porque el reloj avanzaba y sabía que la puntualidad para el encuentro sería fundamental. Salí y, conforme lo planeado, ahí estaba esperando. Un nerviosismo me recorrió todo el cuerpo pero no había marcha atrás. Durante mucho tiempo tenía ganas de hacerlo y, estando en aquel lugar, ya no podía arrepentirme.

Algunos accesorios y ropa estaban de sobra y seguramente me estorbarían, así que me los quité. Decidí comenzar. Minutos después de las siete de la mañana los movimientos empezaron cadenciosos. No debía precipitarme en el acto porque mi intención era disfrutarlo y terminar satisfecho por lo realizado. “Tranquilo Alejandro, relájate, sabes que puedes hacerlo”, me decía una y otra vez.

Poco a poco el ritmo cardiaco aumentaba, la respiración se aceleraba y el sudor aparecía. Por momentos hasta los gestos faciales se hacían presentes ante el esfuerzo que se acrecentaba con el correr del tiempo. Entonces decidí bajar la intensidad porque sabía que tenía poco tiempo de haber iniciado y aún no llegaba lo mejor. Relajé los músculos. Confiaba plenamente en mi capacidad de resistencia y en el nivel del mar que me ayudaría a terminar el acto debidamente.

Las manecillas avanzaban y, como consecuencia de las agitadas acciones, el cansancio empezaba a manifestarse pero me resistí a parar. El momento cumbre estaba cerca, así que me concentré plenamente y aceleré la velocidad de mis movimientos... una hora con 53 minutos después de comenzado el acto, finalmente di el último esfuerzo. La sensación de placer fue única, excepcional. El torrente sanguíneo fluía velozmente y una sonrisa se reflejó en mi rostro. Los latidos del corazón paulatinamente se tranquilizaron, los músculos se relajaron y la respiración volvió a tomar su cause normal. Había logrado mi objetivo.

Minutos después, una ducha fue necesaria y el desayuno me ayudó a recuperar tanta energía derrochada momentos antes. Jamás en mi vida había hecho tal hazaña. “Una hora con 53 minutos, mucho mejor de lo que esperaba. Para ser mi primera vez, no estuvo nada mal”, me dije, mientras una sonrisa pícara se dibujaba en mi rostro. Para esos instantes, mi cuerpo ya pedía descanso, así que me recosté y reflexioné detenidamente lo que había hecho. “Desde luego que fue maravilloso y ya quiero volver a repetirlo”, pensé.

Sí, qué gran experiencia la mía. Más de uno me felicitó por el resultado obtenido y les he invitado a que lo hagan, verán que también les gustará… y es que correr un medio maratón en Veracruz sucede sólo una vez al año.

miércoles, 16 de enero de 2008

Oración de un atleta

Padre nuestro que estás en las pistas
Santificados sean mis tenis
Venga a nosotros el Gatorade
Hágase tu voluntad en el asfalto como en la arcilla
Danos hoy los carbohidratos de cada día
Y perdona nuestra flojera
Para no ir a veces a los entrenamientos
No nos dejes caer en la deshidratación
Y líbranos de los calambres

Amén

viernes, 11 de enero de 2008

Antes de partir

Domingo 20 de enero de 2008, diez de la mañana... todo habrá terminado. El año pasado cuando pisé por primera vez ese circuito jamás pensé toparme nuevamente con él, pero el tiempo pasa y algunas metas se forjan en el camino. Ésta será una de ellas.

Podría decirse que se trata de algo lúdico y para algunos seguramente así será, pero para mí, esta carrera tendrá tintes muy personales, más allá de los 21 kilómetros de los cuales consta su trayecto. Y es que cuando uno vive con fantasmas y miedos en la cabeza, bien pueden exorcizarse de diversas formas y mi mejor argumento será este. Las únicas dos opciones que tengo al respecto serán: acabar con ellos o hundirme con ellos.

Nunca me he enfrentado a una situación así, y aunque más de uno me diga que mi andar deportivo me facilitará las cosas, la verdad siento nerviosismo y hasta temor. En mis 27 años de vida jamás he corrido tanto sin pausa alguna y el desgaste físico será importante, por ello el aspecto mental fungirá como pieza clave para lograr el objetivo.

A nueve días de la cita en Veracruz aún me asaltan algunas dudas. A veces uno desea que todo a su alrededor marche debidamente y con base en ello motivarse para acabar con cualquier reto, sin embargo, hoy día ese no es mi caso, pero el tiempo no detendrá su marcha para esperar a que me recupere de todo cuanto me sucede. Esto es parte de crecer y como tal habrá que afrontarlo.

¿Qué significan entonces 21 kilómetros? En lo personal, será la distancia justa para enfrentarme a mí mismo, al cansancio y a la forma de vencer obstáculos que la vida pone frente a uno. Seguir adelante o abandonarlo todo.

Sólo un compañero conocido, entre tres mil corredores, participará en el medio maratón. Nadie más estará conmigo: ni mis papás (como normalmente sucede), ni mis amigos, ni tampoco los lugares en los que suelo correr. Las condiciones serán distintas: el clima, la altimetría, la distancia y la soledad. Pero la presencia en mi mente de aquellos a quienes quiero estará conmigo, y si los recuerdos son más grandes que mis miedos en un trayecto de adversidades, entonces habré ganado la partida, de lo contrario, un derrumbe será inminente… esa es mi promesa.

En el trayecto se me irán muchas cosas (o me quedaré atrapado en otras) y, como alguna vez lo dije, una carrera es la analogía con la vida. Hoy estoy parado en un sitio nunca imaginado pero el destino suele ser más sabio que uno. No hay vuelta de hoja, es ahora o nunca. Nombres, momentos, sentimientos y recuerdos… todo conjugado en 21 kilómetros. ¿Suena fácil? Tal vez, pero se requiere una buena dosis de voluntad para hacerlo, y si alguna vez en mi vida pretendía abandonarme, hoy me aferraré como nunca a ella.

Apuestas y promesas existen por miles en este mundo. Hoy hice una conmigo mismo. Y así como alguna vez mencioné que el peor enemigo de uno mismo es uno mismo, puede ser que también exista lo contrario… valdrá la pena descubrirlo o seguir convencido de lo antes dicho. Al diablo con los premios y los primeros lugares de la carrera, el mejor reconocimiento será haber derrotado a mis miedos y el peor fracaso haberme quedado con ellos. Veremos qué sucede primero.

jueves, 3 de enero de 2008

Soy del montón, ¿y qué?

De verdad ya no quería lanzar pedradas. Me dije a mí mismo antes de acabar el año: “alo, para el 2008 ya bájale un poquito a tus comentarios porque tus críticas a veces duelen”. Pero no, aquí ando nuevamente preguntándome por qué en ocasiones algunos abren la boca más de lo debido... y eso que se dicen ser “profesionales”.

Resulta que un chavo de excelencia académica rechazó su lugar en la UNAM ante una tentadora oferta de irse al extranjero en la búsqueda de una mejor oportunidad. Y como el estudiante tiene récords escolares bastante respetables, pues obviamente aceptar una propuesta de esa magnitud sería bastante lógico. Hasta ahí vamos bien. El “negrito en el arroz” fue el comentario hecho por el director de la institución donde cursó su último nivel académico con el objetivo de convencerlo para abandonar su lugar en la Prepa 2. En pocas palabras le dijo: “en la UNAM vas a ser del montón”. ¿Así o más claro?

Me pregunto acaso si el ilustrísimo personaje habrá puesto algún día un pie en Territorio Puma o tal vez estudió sólo en escuelas privadas. Ojo, no critico a dichas instituciones porque existen varias de reconocido nivel y cuya aportación académica es muy valiosa tanto para los alumnos como para el país. Lo curioso del asunto es que el señor ha de ver a la UNAM como casi nada… unos edificios construidos para que los alumnos se pongan a hacer algo y no anden de vagos.

¿Que feo es hablar sin fundamentos verdad? Sí, en este país se fugan muchos talentos por falta de oportunidades, pero de eso a echarse el bla, bla, bla soltando verbo como sujeto pasado de copas a las tres de la mañana, hay mucha diferencia. Y como ya me siento oficialmente “del montón”, no me queda más que mencionar algunos datos para avalar mi nueva condición universitaria:

UNAM: Universidad más importante de Latinoamérica donde se realiza más de la mitad de la investigación del país; patrimonio cultural de la humanidad según la UNESCO, con la extensión de territorio más grande de México en cuanto a instalaciones se refiere; institución cuya historia ha visto pasar en sus aulas a ilustres personajes en diversas áreas de estudio (algunos de ellos Premios Nobel); lugar con actividades escolares, culturales y deportivas en las que tiene cabida la sociedad (sin importar si son o no parte del campus); y humildemente posee el Observatorio Astronómico Nacional en Baja California, el Centro de Investigaciones Nucleares en el estado de México, sin mencionar las bibliotecas Central y Nacional, además del Colegio de San Ildefonso y varias estaciones biológicas... ¿le sigo?

Así que como verán, si me dicen como lo hizo este señor, pues entonces orgullosamente puedo mencionar que “soy del montón, ¿y qué?”. Conste que yo no apodé así a mis colegas eh, luego andan achacándole a uno el sublime amarillismo.

Y yo quería empezar el 2008 con un post alentador, lleno de entusiasmo y optimismo... pero no. Me cortaron la inspiración de fea manera. Ya para el siguiente replantearé mi condición de bloguero sin rabietas, capaz que el coraje no me dejará dormir (uy, sí).

lunes, 31 de diciembre de 2007

Run & Bike 2007

Último día del año. Recuerdos, melancolía... tanto que viene a la memoria en estos instantes y se quedará archivado con fecha de 2007.

Pues bien, estas líneas las dedicaré únicamente al ámbito deportivo, el cual tuve la fortuna de compartir con varios amigos. Y es que hoy pisé por última vez en este año un circuito de carreras y ese hecho me incitó a escribir en este espacio.

Nuevamente 10 kilómetros eran el objetivo, aunque la meta personal de acabar con ellos en 50 minutos quedó rebasada por una surgida en el instante del disparo de salida. Una compañera comenzaba su andar y, al tomar la delantera, en los primeros 100 metros le di alcance. Entonces comenzó el reto.

“Al diablo con los 50, habrá más carreras para lograrlos”, pensé. A veces uno se obsesiona tanto con los asuntos individuales que no deja cabida a otros compartidos que pueden llenarte mucho más como persona. Y no me equivoqué. Cruzar la meta juntos fue más gratificante que haber parado el cronómetro minutos antes, porque el gusto de saberte cómplice de algo que desprenda una sonrisa merece luchar por ello.

Hoy recordé esa lección y la sumo a otras más que este año deportivo me dejó: saber que, por muy lejana que parezca la meta, la preparación y la perseverancia te mantienen en la lucha; que a pesar de que los amigos se separen en el trayecto, al final sabemos que estarán esperando por ti, no importa cuánto tardes; que muchos, en el afán de la impaciencia, arrancan a grandes velocidades, pero en el camino los ves doblegarse; que la vida está hecha de pequeños retos, y en ellos puedes ganar o perder, pero jamás dejar vencerte de manera tan sencilla; y que el reconocimiento material se archiva en algún cajón, pero el instante preciso de un logro compartido se guarda en la memoria... ¿qué vale más entonces?

Sin temor a equivocarme, hoy puedo asegurar que algunos circuitos, un pants, una playera, un par de tenis y hasta una bicicleta me enseñaron más de lo que yo pensé algún día. Cinco o 32 kilómetros, da igual. Lo que he aprendido en esos andares es una analogía con la vida que he saboreado en cada metro recorrido y eso no me lo quita nadie. Levantarse temprano, muchas veces con el frío a cuestas y en fines de semana, vale mucho más que escuchar el despertador a las 10 de la mañana si de convivir con los amigos se trata. Viveros, CU, Cuemanco, Bosque de Tlalpan, ciclotones y la Avenida Insurgentes los revivo nuevamente en espera de ver llegar muchos más.

Otros retos ya están en mis planes, y el 2008 será testigo de esos logros (espero). Mientras tanto, agradezco a través de este medio a todos y cada uno de los que con su energía y constancia me permitieron ser parte de esos momentos que hoy viven en mi recuerdo (ustedes saben bien a quienes me refiero, con nombres y apellidos). Sigamos así no sólo en el año venidero, sino por mucho tiempo más... ¡Salud!

domingo, 23 de diciembre de 2007

Herencia 2mil7

Jamás pensé que un “te quiero” fuera tan doloroso, pero sucedió. Es bien sabido que muchos esperan con ansia el momento para decir esas palabras y el instante resulta memorable, sin embargo, para otros significa una despedida envuelta en el velo de la tristeza... así terminó octubre y comenzó este recuento del año que hoy agoniza.

¿Por dónde empezar? Existen muchos detalles que escapan a la memoria si de hablar de 365 días se trata, aunque me parece pertinente decir que sigo aquí, con la esperanza de muchas cosas y las consecuencias de otras tantas. Tengo pues un saldo positivo a pesar de todo, lo necesario para subsistir y lo fundamental para mantener algunos sueños vigentes.

Hace algunos días pensaba escribir aquello que creo haber logrado, pero hoy lo evitaré por temor a convertirme en números carentes de sentido. Mejor agradeceré por estar sentado aquí, frente al monitor escribiendo en el blog que, desde hace algunos meses, me ha permitido decir algunas cosas, aunque también he callado otras. Gané amigos y perdí a un ser querido; confié varias veces en la ciencia, pero también encontré algunos milagros en el camino; maduré más aunque tal vez perdí un poco de inocencia; y tuve la fortaleza para correr lo suficiente como para cansarme hasta de mí mismo y al día siguiente levantarme nuevamente.

Sí, en el 2007 mis propósitos se realizaron cabalmente, y no me refiero a algo material (que por supuesto puede tener su justificación), sino a aquellos que pocas veces se recuerdan y, sin embargo, muchos pueden cumplirse: una familia, amigos, personas nuevas, desvelos, amaneceres, detalles, gestos, palabras, silencios, instantes, sonrisas y hasta tristezas, pero sobre todo algo único... la ilusión de creer en un mañana.

Brindemos pues por otro ciclo que se cierra y nos deja, para bien o para mal, experiencias irrepetibles... 2008 será también una excepción en nuestras vidas, así que a vivirlo como se merece y yo me encargaré de escribir un poco en sus páginas. Nos leemos el próximo año.

martes, 18 de diciembre de 2007

Queridos Reyes Magos

Veintisiete años bien podrían ser el pretexto perfecto para evitar recurrir a ustedes en estas fechas. Ya saben, dirían que soy muy grande para creer en eso y además de todo los juguetes ya no van con mi estilo. Seamos sinceros, los carritos con los que solía jugar, ahora se han convertido en objetos de diversos tamaños que circulan por las calles llenándolas de histeria y contaminándolas por doquier. La bicicleta, de cualquier modo, me llena un poco más y de ella no hay queja hasta el momento. Ya tengo una, gracias.

Olvidemos pues los juguetes. Si alguna ración de todo lo que abarrota los centros comerciales me correspondiera, créanme, pueden dársela a los niños olvidados en algún rincón del país y del mundo para pintarles una sonrisa y les llene de esperanza al menos por un día. Tal vez lo necesiten más que ustedes y que yo.

Pero dejemos los rollos para otra ocasión. En vísperas de su reparto de regalos han de pensar que chutarse mi carta ha de ser casi una pérdida de tiempo y menos querrán darme algo. Les pido paciencia, por eso la envío con anticipación para que no se nieguen, al menos, a leerla.

Paso entonces a lo siguiente: ¿podrían hacer un breve (o mejor dicho, un amplio) ajuste en la programación televisiva? Para un simple mortal como yo, con escasos canales metidos en esa caja cuadrada, tragarme la industria chismográfica o los bombardeos del otro lado del mundo que me dan las buenas noches antes de dormir, me hacen refugiarme en cualquier rincón de mi cama por la necesidad imperiosa de sentir miedo ante tales cosas.

De la radio tengo menos queja. En todo caso les pediría dejarle las rolas ochenteras y noventeras, con las demás pueden hacer lo que quieran. Ah, y por favor saquen del cuadrante todos los programas que sólo tratan de barrabasadas en horarios que bien podrían rellenarse con asuntos más interesantes.

Invádanme de CD’s (cuando la economía lo pueda), ya saben, de los que me laten. Nunca dejen incurrir al cine en incidencias extrañas para evitar su clausura y regálenme, aunque sea directito de los estudios hollywoodenses, algún largometraje de terror que no pertenezca al apartado “churros de pacotilla”. También les pido seguridad en las dos ruedas que conduzco a altas velocidades y algún buen paisaje para mi lente fotográfica.

Dejen a mis piernas correr otros tantos kilómetros y que no me ataquen los calambres en el kilómetro uno. A mi familia y amigos tráiganles salud (física, no líquida... bueno, sí pero leve), y lo necesario para subsistir a gusto en este mundo medio caótico y medio placentero. Ellos sabrán cuál carril escogen.

Por cierto, ahora que recuerdo, hace un año por primera vez patiné sobre hielo. Me sentía como en el show de Disney presentado en el Auditorio Nacional. Y gracias a mi primo y su tarjeta de descuento al 2 x 1, un hueco hacía falta por llenar para cumplir con la promoción. Entonces ahí va Alejandro, con su paso de borracho paseándose por la pista y luciendo sus mejores acrobacias que por fortuna jamás terminaron en el suelo. Valga este pretexto para pedir unos patines, no para hielo (a menos que me guarde en el congelador un rato), con rueditas basta para aprender. Espero pronto darles batalla a mis primas que me rebasaban como Schumacher corriendo ante el peor novato del automovilismo. No importa que sean unos de $100 porque, créanme, volví a sentirme niño y eso... no tiene precio.

Y si de aquí al 5 de enero se me ocurre algo más, con toda confianza espero poder aumentar mis peticiones. Ojalá que mi carta por internet llegue debidamente y luego no le echen la culpa a la caída del Infinutum para no recibir mis regalos. Ah, y por favor, recuerden que me comí la sopa, hice mi tarea y, sobre todo, me porté muy bien.

Mayo

Te escribo desde la trinchera del silencio, aquí donde el recuento de los daños pasa factura a punta de recuerdos, nostalgias y preguntas ...