lunes, 10 de agosto de 2026

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Te imaginaba desde el silencio, creyendo que existirías en mi mente y en mis manos, en mis letras y en mi calendario. Creía que habitarías en mi mundo para convertirlo en nuestro, en que hasta la quietud contigo sucedería majestuosa y que la música de tu voz pronunciaría mi nombre.
 
Te pensaba en amaneceres compartidos y admirando ocasos futuros desde el presente, en sonrisas espontáneas causadas por nada pero que significaran todo, en horizontes plenos, en paisajes de acuarela y en canciones sin destinatario que de pronto fueran tuyas.
 
Repasaba en mi mente todo aquello que el pasado me había negado y contigo encontraría como muestra de que amar no es complicado cuando se trata de la persona correcta. Quise confiar, deseaba creer, sacudirme el desvelo y descubrirte al despertar. 
 
Entonces llegaste y el sentido de mis letras se conjugaron en presente. Conocí tu esencia y supe que no debía buscar más, pues mi lugar seguro estaba en tus maneras, en tus huellas, en tu ser, en nuestra sintonía. Tal vez fue un triunfo involuntario, como diría Elvira Sastre, porque sin buscar explicación alguna, me entregué sin dudarlo en sus palabras. 

Para eso viniste:
para llevarme a un lugar distinto,
lejos de los ecos y de los silencios
y de las humedades de los rincones.
 
Y me dan ganas de intentarlo,
de dejar a un lado los miedos,
de cuidar todas tus flores,
de llevarte a los sitios donde aprendí a esperar,
de decirte que no es tan difícil, de verdad,
de hacer que me creas, de quedarme
mirando esta luna que nos sigue
contigo.

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Te imaginaba desde el silencio, creyendo que existirías en mi mente y en mis manos, en mis letras y en mi calendario. Creía que habitarías e...